Jue. Jul 30th, 2026

Por Ronny Leonardo Padrón Pérez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- Ya en los días postreros de la democracia venezolana voces oportunas alertaban sobre la creciente influencia del tráfico de drogas en el devenir de nuestra sociedad en virtud de su poderío económico, algo tan notorio como la necesaria traslación de ese poderío a escalas superiores de la República de Venezuela.

Era la época de una Comisión Nacional Contra el Uso Ilícito de Drogas (CONACUID) presidida por el insigne jurista Bayardo Ramírez Monagas, capaz de estremecer a la opinión pública de entonces con su propuesta antidrogas multifactorial ante un problema de naturaleza global que ya exigía tenacidad antes que alcanzara dimensiones incontrolables.

Se quedó corto el pronóstico. A la fecha presente el tráfico ilícito de drogas ejerce dominio político en países como los Estados Unidos Mexicanos, el Estado Plurinacional de Bolivia, la República de Honduras, la República de Colombia y la República Bolivariana de Venezuela, entre otros; con saldo negativo en muertes, cultura y economía imposible de cuantificar, lo que cabía esperar de un comercio ilícito basado en la esclavitud del ser humano mediante el consumo indebido de drogas.

La magnitud de la problemática se puede medir sopesando el alcance de una adicción humana en relación con la avidez infinita de quien se lucra, un cóctel de consecuencias inimaginables.

En 1999 con el Plan Colombia (Plan para la Paz y el Fortalecimiento del Estado) inició una etapa de cooperación internacional antidrogas que demostró la eficacia de confrontar el problema de las drogas ilícitas a través de herramientas supranacionales incluida la fuerza militar.

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Hoy, cuando grupos delictivos organizados especializados en el tráfico ilícito de drogas consiguieron dominar Estados Nacionales mediante pantomimas electorales, era de esperar una respuesta política proporcional. Así entonces situaciones en pleno desarrollo con fuerzas militares internacionales patrullando, capturando e incluso confrontando a los cárteles de drogas en aguas y espacio aéreo internacional, solo proclaman el inicio de una necesaria guerra global contra el negocio ilícito de drogas, algo inédito en la historia humana. Oración y trabajo.
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