Sáb. Jun 13th, 2026

Por Juan Velásquez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- El 15 de diciembre de 1957, se llevó a cabo el plebiscito convocado por el régimen de Marcos Pérez Jiménez. El resultado de esta consulta desnudó la debilidad de la dictadura, dejando al mandatario sin alternativa distinta a abandonar el país.

II. La Crisis Actual y la Ruta Constitucional

​En el contexto actual, la decisión del presidente Nicolás Maduro de decretar un estado de excepción o conmoción (reconociendo que la seguridad de la nación se encuentra en grave peligro) plantea la necesidad urgente de una solución política.

​La vía constitucional más idónea para la resolución de la crisis debe recurrir a mecanismos de soberanía popular, como el plebiscito o el referéndum. La autodeterminación es el principio fundamental que nos conduce a la vía democrática para dirimir nuestros conflictos políticos nacionales.

III. El Riesgo de la Intervención Armada

​Quienes hoy propician y claman por una intervención militar extranjera deben preguntarse si están dispuestos a que sus propios familiares estén en la línea de fuego. Tendrían que asumir el riesgo de enfrentar a fuerzas que se perciben como instrumentos de defensa o, peor aún, como carne de cañón.

​Existe el temor fundado de que, tras el inevitable derramamiento de sangre de inocentes, estos mismos promotores, que piden la intervención desde cómodos salones con aire acondicionado en el exterior, negociarán la paz. Los sacrificados serán los civiles y combatientes de base, mientras los líderes llegan a acuerdos de paz por encima de las tumbas de quienes se inmolaron.

​En el campo de batalla, mercenarios cubanos, iraníes y rusos se enfrentarían a milicianos y civiles, en un escenario de consecuencias impredecibles.

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IV. La Paradoja y el Legado

​Mientras la comunidad internacional, y en particular figuras como Donald Trump, contempla la posibilidad de un Premio Nobel de la Paz, la resolución del conflicto se vislumbra como un proceso prolongado y complejo.

​Si la situación se prolonga sin solución real, cabe evocar las palabras atribuidas al Libertador, Simón Bolívar, al final de su vida:

«Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.»

​Y si el esfuerzo por construir una nación y alcanzar la democracia resulta infructuoso una vez más, la dolorosa exclamación de Bolívar resonará con amarga actualidad:

«Hemos arado en el mar.»