Por: Alberto García Sánchez / Algarsan
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA. — La popularidad de Donald Trump parece decaer cada vez más, tanto en Estados Unidos como en Europa y Sudamérica, debido a un discurso errático y contradictorio. El mismo hombre que en el pasado ganó simpatías en Venezuela por su firme postura contra Nicolás Maduro hoy da señales de una preocupante desorientación política, un factor que podría afectar severamente las opciones del Partido Republicano en las elecciones legislativas previstas para el último trimestre del año.
Esta pérdida de apoyo e influencia internacional se profundizó tras la reciente cumbre de la OTAN. En dicho escenario, el mandatario norteamericano primero anunció la ruptura de relaciones comerciales con España y, poco después, sorprendió al elogiarla públicamente como una “nación generosa”; una flagrante contradicción que generó confusión generalizada y fuertes fricciones diplomáticas. Tampoco ayudaron sus agresivas advertencias hacia Irán, las cuales incluyeron la amenaza de respuestas militares a gran escala.
En el caso de Venezuela, su credibilidad se debilita a paso firme debido a que no prioriza la crisis nacional ni presenta soluciones claras de cara al quiebre institucional que padece el país. Su negativa a respaldar la conformación de una Junta de Gobierno temporal —mecanismo propuesto para convocar elecciones libres y designar un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE)— reduce drásticamente las expectativas de una salida democrática a corto plazo.
Mientras tanto, en el plano local, los problemas urgentes siguen en vilo: la atención prioritaria a las miles de víctimas de los devastadores sismos en Caracas y La Guaira, el colapso sistémico de los servicios públicos y la profunda crisis social. Ante este complejo panorama, el líder estadounidense está obligado a escuchar a sus asesores y diplomáticos de carrera; de lo contrario, el electorado le propinará una aplastante derrota en las urnas.

