La selección cafetera luchó hasta el último aliento en Vancouver, pero cayó en la tanda de penales ante Suiza tras un intenso empate sin goles en el tiempo reglamentario
Por William Miquilena CNP 9192
Deportes
LA NUEVA ANTORCHA. — El Estadio BC Place de Vancouver fue testigo de una auténtica batalla táctica y física que dejó a la Selección de Colombia a las puertas de la gloria. Luego de 120 minutos de máxima tensión en los que ninguna escuadra logró romper el cero inicial, el combinado dirigido por Néstor Lorenzo vio finalizado su trayecto en la Copa del Mundo tras caer 4-3 en una dramática definición por penales. El fallo final privó a la marea amarilla de acceder a los ansiados cuartos de final, donde ya esperaba la Selección de Argentina.
El trámite del compromiso estuvo marcado por la paridad y los destellos individuales. Durante la prórroga, Colombia acarició el gol de la victoria mediante un cabezazo de Jhon Lucumí que se estrelló rebeldemente en el larguero, desatando el lamento de las más de 52,000 almas que prácticamente tiñeron de amarillo el feudo canadiense. Previamente, el guardameta Camilo Vargas se vistió de héroe con notables intervenciones ante los ataques suizos, revalidando el gran nivel de una retaguardia que solo encajó un gol en toda la fase de grupos del certamen.
Como anécdota destacable, el choque revivió viejos fantasmas y pasiones de la historia mundialista; ambas selecciones no se veían las caras en un torneo oficial desde la fase de grupos de EE. UU. 1994, cuando la Tricolor venció 2-0. En los banquillos, la sustitución estratégica de James Rodríguez por Juan Fernando Quintero en el segundo tiempo le dio frescura al ataque colombiano, al punto de que el propio ‘Juanfer’ asumió con maestría el cobro del primer penal de la tanda, batiendo con sobriedad al arquero helvético Gregor Kobel.
A pesar de la dolorosa eliminación, haber alcanzado la instancia de octavos de final consolida un proceso de renovación clave para el balompié colombiano. El orgullo de competir de tú a tú ante potencias europeas y recuperar el protagonismo internacional deja un balance altamente positivo para los cafeteros. La base joven mezclada con referentes históricos demostró que Colombia cuenta con el carácter y los argumentos necesarios para seguir figurando en la élite del fútbol mundial en los próximos ciclos competitivos.

