Mié. Jul 8th, 2026

Ante el colapso institucional y la indolencia de la clase política tradicional, la reconstrucción del país depende de la organización autónoma de la ciudadanía y la alianza estratégica con la diáspora

Por Soc. José Manuel Salazar M.

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA. — La realidad venezolana actual se configura como una tragedia superpuesta, donde el dolor derivado de las catástrofes naturales y la precariedad extrema ocurren bajo una total ausencia de gobernabilidad institucional. Tras casi tres décadas de degradación sistémica, el colapso del Estado ha dejado al ciudadano común en la indefensión absoluta frente a los abusos de poder y las trabas impuestas a la ayuda humanitaria. Mientras tanto, el ecosistema político —tanto el oficialismo como una oposición reciclada y personalista— prioriza las cuotas de poder sobre el sufrimiento humano.

​Ante esta barbarie y el peligro ético que representa la indiferencia social, el rescate de Venezuela no vendrá de liderazgos mesiánicos, sino de la acción inmediata y decidida de los ciudadanos de bien.

​La Fragilidad Institucional

  • Desamparo total: La falta de institucionalidad convierte las emergencias y los desastres en escenarios de caos y desorden, donde la ayuda legítima suele ser bloqueada y los cuerpos de seguridad actúan al margen de la ley, desprovistos de una verdadera vocación de servicio.
  • Crisis de representación: Las estructuras políticas actuales, incluidas las corrientes emergentes, replican con frecuencia los vicios del pasado al anteponer cargos públicos y ambiciones individuales a las soluciones reales que demanda el país.
  • El riesgo de la apatía: La normalización del entorno y el repliegue ciudadano por motivos de estricta supervivencia alimentan una complicidad pasiva que termina por consolidar la corrupción a todo nivel.
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​Acciones para el Rescate Ciudadano

​Para aquellos ciudadanos que buscan un cambio estructural en Venezuela sin perseguir intereses electorales, las acciones inmediatas deben centrarse en reconstruir el tejido social desde la base. El rescate del país depende de la transición definitiva de la queja pasiva a la acción organizada, fundamentada en los siguientes pilares:

  • Solidaridad autónoma: Fortalecer la consigna de «el pueblo salva al pueblo» mediante la articulación de redes vecinales y voluntariados directos que logren eludir la burocracia y la discrecionalidad oficial.
  • Contraloría y denuncia: Visibilizar los abusos locales y utilizar las herramientas tecnológicas disponibles para documentar las arbitrariedades de manera organizada, sistemática y segura.
  • Ruptura del clientelismo: Rechazar de forma tajante la microcorrupción, el pago de sobornos cotidianos y las promesas de dirigentes políticos mediocres de cualquier bando.
  • Pedagogía ética: Formar a las comunidades en valores cívicos, derechos humanos y corresponsabilidad para sanar las bases de la sociedad.

​Finalmente, articular el apoyo con la diáspora venezolana constituye el motor financiero, logístico e intelectual más potente para sostener la resistencia civil y la ayuda humanitaria autónoma dentro del territorio nacional. La reconstrucción de la nación es un compromiso que cruza las fronteras.