Por Alberto García Sánchez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA. — El reencuentro con la colega periodista Mirian Rivero, tras varios años de distanciamiento impuestos por la hegemonía comunicacional del régimen chavista-madurista —que forzó el cierre de todos los medios impresos y de más de una docena de estaciones radiales en Anzoátegui—, se convirtió en una valiosa oportunidad para repasar sus experiencias y trayectoria en el diario capitalino El Universal, donde aún mantiene activa su labor periodística.
Egresada de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Mirian Rivero ejerce la profesión con una integridad intachable. Es una comunicadora seria, meticulosa y rigurosa, orientada a la verificación exhaustiva de los hechos antes de divulgar cualquier información. Su sentido crítico la mantiene al margen de presiones políticas o empresariales; cuestiona el poder de manera objetiva, consciente de que su compromiso ético responde exclusivamente a la verdad y a la ciudadanía.
Insobornable y distante de prebendas o indulgencias, su ejercicio periodístico constituye una referencia ética en un entorno complejo. Frente a la tentación de la inmediatez o el espectáculo, Rivero mantiene la premisa fundamental del oficio: informar de forma responsable, rigurosa e independiente.
Nuestros caminos profesionales se cruzaron a comienzos de la década de los ochenta en las páginas del desaparecido Diario de Oriente, junto a destacados colegas como Hernán Hidalgo, José Rodríguez, Pablo Aguilera y Róger Alvarado, entre otros. Aquella fue una etapa marcada por tensiones políticas, aunque distantes de la severidad del contexto actual, dominado por marcos regulatorios como la Ley contra el Odio y la Ley Simón Bolívar, instrumentos que condicionan el libre ejercicio del periodismo y la denuncia de violaciones a los derechos humanos, y bajo los cuales más de treinta comunicadores han sido procesados o privados de libertad.
Pese a este adverso panorama, Mirian Rivero sostiene con firmeza su labor de cobertura e investigación sobre la realidad del estado Anzoátegui. Su constancia y apego a los principios del periodismo independiente la hacen merecedora del más alto reconocimiento profesional y gremial.


