Mié. Jul 29th, 2026

Por Eduardo Fernández

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.— Acontecimientos recientes me han hecho caer en cuenta de lo débiles que somos los países de la periferia.

Un país al que le pueden secuestrar a un señor que alega ser presidente de la República, jefe del Estado, jefe del gobierno y comandante en jefe de la Fuerza Armada sin que pase nada, no es un país. Es un gentío.

Lo que acaba de ocurrir con el “sedicente” presidente de la República Bolivariana de Venezuela no habría ocurrido jamás ni con Rómulo Gallegos, ni con Rómulo Betancourt, ni con Raúl Leoni, ni con Rafael Caldera, ni con Carlos Andrés Pérez, ni con Luis Herrera, ni con Jaime Lusinchi, ni con Ramon J. Velásquez. Ni siquiera con Hugo Chávez. Con ninguno de los presidentes legitimados por el voto popular.

La receta para que los países marginales o periféricos dejen de serlo es muy clara.

En primer lugar, hay que ganar autoridad moral. Un país en donde el gobierno tiene presos políticos no tiene autoridad moral. Un país en el que se viola el estado de derecho y los derechos humanos carece de autoridad moral. Un país en el que se desconoce la soberanía popular expresada en las urnas electorales no puede invocar respeto de la comunidad internacional.

En segundo lugar está el tema de la corrupción administrativa. Un país en el se tiene la convicción de que altos cargos del gobierno incurren en hechos de corrupcion grosera, no merece el respeto de sus propios ciudadanos ni de la comunidad internacional.

Puede interesarte...  Federación Gobierno de Dios llevó amor y espiritualidad a los ancianos de La Montonera

Para dejar de ser marginales y periféricos debemos ocuparnos de tener una economía próspera y floreciente.
Además, debemos ganar la batalla de la educación, de la ciencia y la tecnología, de la cultura. Con una educación de tercer mundo, seguiremos siendo un país de tercer mundo.

Podemos y debemos dejar de ser periféricos.

Seguiremos conversando.