Sáb. Jul 11th, 2026

Por Juan Velásquez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA. — Este triángulo de poder ha logrado desaparecer a personajes clave de la Quinta República, avanzando sin detenerse ante ningún obstáculo para alcanzar sus metas.

​En su gestión han conformado una caquistocracia, donde los menos capaces y los carentes de ética están al frente del gobierno. Esta estructura se inspira en una cacocracia, donde los perversos actúan con total impunidad, derivando inevitablemente en una cleptocracia dominada por ladrones, mientras la muchedumbre —convertida en el festín del régimen— cae en la ocracia. Esta es su realidad: degenerar lo que queda de democracia.

​Ya no se trata solo de la castrocracia o del control militar. El enriquecimiento descarado del alto generalato se transformó en una suerte de oligarquía, un poder concentrado en manos de unos pocos que hoy ostentan una procedencia dudosa. No surgen del movimiento bursátil ni de la plutocracia tradicional, sino de una casta de «enchufados» recientes cuyo origen de fortuna es un misterio. A esto se suma la androcracia disfrazada, donde las dinámicas de poder en la presidencia, ministerios e institutos autónomos pretenden imponer una agenda oculta entre sus élites.

​Por último, la intervención de potencias inicialmente de corte comunista, y ahora con intereses de extrema derecha, nos arrastró a una xenocracia, el modelo donde el poder extranjero toma el control de la nación. Esta supuesta «izquierda borbónica», con todo el control en sus manos, entregó la soberanía a los extremistas de Rusia, China, Cuba e India, para terminar doblegándose y transfiriéndola al capitalismo salvaje norteamericano.

​Así son las cosas en revolución.

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