Vie. Jul 31st, 2026

Por Ronny Leonardo Padrón Pérez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- Una gran verdad, si entendemos que los regímenes democráticos de libertades también conceden dignidad a sus mandatarios caídos en desgracia, siempre que elijan salir del poder antes que propiciar crisis innecesarias, por cuanto la pervivencia del sistema democrático descansa en sus instituciones, no en las individualidades.

Un destacado ejemplo de lo anterior lo hallamos en 1993 con la defenestración del otrora Presidente Carlos Andrés Pérez Rodríguez, enjuiciado penalmente, proceso judicial aún denostado. Fueron muchas las voces que para entonces azuzaron los oídos del jefe de Estado en favor de una mayor ¨resistencia¨ e incluso de una rebelión. Sin embargo, más pudo la responsabilidad política del demócrata, sabedor del juicio más relevante: el juicio de la historia.

Así las cosas, en 1998, aún en democracia, el ex Presidente Pérez no solo alcanzó una curul senatorial por el voto popular, es que llegó a convertirse en el símbolo de una etapa democrática hoy añorada, todo por el solo hecho de su pleno acatamiento a las reglas clásicas de la democracia, muy a pesar de las inequidades propias del quehacer humano.

Distinto el panorama bajo regímenes políticos de facto, donde el usurpador de turno, por lo general un violador consuetudinario de los derechos humanos, delincuente administrativo cuando no traficante de drogas, terrorista e incluso genocida, siempre repudiado por la comunidad democrática de naciones, tiende a la perpetuación tiránica porque para él no existe ¨salida honorable¨. Oración y trabajo.
caballeropercivall@gmail.com

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