La empresa estatal de energía eléctrica atiende el descontento de los usuarios en Anzoátegui y aplica planes de contingencia ante el rezago tecnológico del sistema
Por Alberto García Sánchez
Regiones / Anzoátegui
LA NUEVA ANTORCHA.– En medio de un panorama económico donde el costo de la vida y la calidad de los servicios públicos dictan el día a día del ciudadano, la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) en el estado Anzoátegui ha comenzado a aplicar correctivos institucionales. Tras una ola de quejas por montos excesivos, la oficina comercial de Barcelona inició la revisión y eliminación de facturas abultadas que habían generado alarma en la población.
Este giro operativo refleja una admisión táctica del deterioro del sistema de recaudación y del rezago tecnológico de las redes y subestaciones. Dejando atrás las justificaciones retóricas del pasado, la estatal eléctrica se ha visto forzada a ejecutar planes de contingencia que incluyen censos de usuarios, paradas programadas por mantenimiento y la actualización urgente de los mecanismos de cobro.
Durante un recorrido por las oficinas de la capital anzoatiguense, se constató la disposición del personal para atender directamente los reclamos de los usuarios afectados. Si bien la corrección de los errores de facturación alivia temporalmente el bolsillo de los ciudadanos, la comunidad percibe estas acciones como «pañitos calientes» frente a una desinversión estructural que lleva años afectando el suministro.
El impacto en el bolsillo y la crisis del transporte
La ineficiencia de los servicios públicos continúa alimentando la inflación local. Al drama eléctrico se suma la crisis del transporte urbano en la región, asfixiado por los costos indexados de los repuestos. Las líneas de transporte aplican sus propios ajustes tarifarios en perjuicio del usuario, convirtiendo el traslado diario en una sangría de efectivo que compite de frente con la compra de la canasta alimentaria.
El reconocimiento de las fallas y la aplicación de estos primeros correctivos por parte de las autoridades representan un paso elemental, pero aún insuficiente ante la velocidad del colapso estructural. En la actualidad, el ciudadano común ya no busca culpables; la exigencia en Anzoátegui se centra en soluciones tangibles: un servicio eléctrico continuo y un transporte eficiente que no devore el fruto de su trabajo.

