Lun. Jun 29th, 2026

El país enfrenta una crisis humanitaria sin precedentes luego de sufrir dos potentes sismos y un posterior temporal de lluvias. Con el estado La Guaira militarizado y declarado en zona de desastre, las autoridades y organismos internacionales reportan cerca de 1.500 fallecidos y una alarmante cifra que roza los 50.000 desaparecidos bajo las estructuras colapsadas

Por William Miquilena CNP 9192

Sucesos

LA NUEVA ANTORCHA. — ​Venezuela vive sus horas más oscuras tras ser sacudida por un devastador doble terremoto de magnitudes 7.2 y 7.5, ocurridos con menos de un minuto de diferencia. El violento movimiento telúrico golpeó con extrema fuerza la costa central y la capital, ensañándose especialmente con el estado La Guaira, una región históricamente vulnerable que revivió los traumas de su fatídico deslave de 1999. Por si fuera poco, en las últimas horas un temporal de lluvias torrenciales azotó el occidente del país, provocando el desborde de ríos en estados como Portuguesa y Trujillo, lo que ha terminado por colapsar los ya saturados sistemas de emergencia.

​Los balances de las víctimas pintan un panorama desgarrador y en constante aumento a medida que avanzan las labores de remoción. Las cifras oficiales más recientes confirman al menos 1.450 personas fallecidas, 3.150 heridos rescatados y más de 12.700 damnificados que lo han perdido todo. Sin embargo, el dato más alarmante proviene de las proyecciones de las Naciones Unidas y de plataformas ciudadanas de registro, las cuales sitúan el número de personas desaparecidas en 49.932, una cantidad masiva debido al colapso total de edificios residenciales y las severas fallas en las telecomunicaciones.

​La Guaira se encuentra actualmente militarizada bajo un Estado de Emergencia y declarada oficialmente como «zona de desastre». En localidades como Catia La Mar, decenas de edificios multifamiliares e infraestructuras hoteleras quedaron reducidos por completo a escombros, dejando atrapadas a cientos de personas. Las autoridades han reportado daños severos en más de 250 edificaciones críticas, incluyendo al menos ocho hospitales principales y unas 346 obras de infraestructura pública, lo que imposibilita la atención médica regular para la población civil.

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​A la catástrofe sísmica se le sumó de inmediato un golpe climático. Las precipitaciones registradas en el occidente del país descargaron más de 114 milímetros de agua en menos de ocho horas, provocando el desbordamiento de ríos y quebradas en el municipio Unda de Portuguesa y zonas del alto Páramo en Trujillo. Estas inundaciones y flujos de lodo terminaron por aislar a comunidades enteras, anegando escuelas y templos, y provocando el colapso de puentes clave en rutas principales como la Troncal 007, bloqueando por completo los accesos terrestres.

​La respuesta de contingencia avanza en medio del caos y el desespero de los ciudadanos, quienes en muchos sectores asumen la búsqueda de sus familiares con sus propias manos ante la falta de maquinaria pesada. Mientras equipos internacionales de rescate procedentes de varios países y barcos de asistencia humanitaria comienzan a desplegarse en el litoral central, el llamado urgente de las autoridades locales es a no congestionar las vías principales, permitiendo que las ambulancias y el personal de salvamento intenten rescatar a los sobrevivientes que aún emiten señales de vida bajo las ruinas.