A un año de su acto fundacional, la organización surgida para defender la vía electoral en las complejas regionales de 2025 se consolida en todo el país con una apuesta centrada en la reinstitucionalización, los valores éticos y la transición democrática en Venezuela
Por Richard Casanova
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA. — Los partidos políticos suelen nacer de la visión compartida de un grupo de líderes que se organizan, debaten y luego compiten en elecciones para alcanzar el poder. La historia de Unión y Cambio es diferente: emergió en el fervor de una compleja coyuntura electoral, impulsada por las circunstancias e inspirada en las convicciones democráticas de su dirigencia, más que en dogmas o programas preestablecidos.
Sin haber podido escoger su propio nombre y con una tarjeta electoral desconocida, la organización compitió en los comicios más adversos. Posteriormente, comenzó el proceso de estructuración y debate de ideas. No se trataba de construir una agrupación más, sino de edificar una fuerza útil para Venezuela en una hora crucial.
Desde la decisión de participar en las elecciones del 25 de mayo de 2025, se inició una intensa jornada de reflexión que derivó en el acto fundacional celebrado el 15 de agosto en Los Guayabitos, municipio Baruta, donde se dio nacimiento formal a Unión y Cambio. En aquel encuentro, dirigentes de 18 estados del país aprobaron su Declaración de Principios. En tiempos donde la crisis adquiere una dimensión moral y las carencias éticas se hacen evidentes, resulta trascendental que una organización nazca reafirmando valores fundamentales, un compromiso inequívoco con los sectores más vulnerables y una visión profundamente humana del desarrollo.
Unión y Cambio cumple este 15 de agosto su primer año. Surgió para responder a la convocatoria del gobierno a las elecciones regionales y parlamentarias de 2025. Ante dicho proceso, un sector de la oposición optó por la abstención, apartándose de la ruta electoral unitaria que había conducido a la victoria del 28J. Mientras gran parte del país acompañó el llamado a no participar, un grupo de dirigentes advirtió el error de ceder espacios y la urgencia de mantener la movilización social para presionar por el cambio.
No era razonable desmovilizar al país ni renunciar al voto como mecanismo legítimo de protesta. Más allá de debates pasados, el objetivo de este balance es dejar constancia de las circunstancias exactas que marcaron este natalicio partidista. Unión y Cambio nació en medio de una contienda marcada por la intolerancia y los ataques de sectores que terminaron replicando las prácticas sectarias que criticaban.
Dejando atrás los episodios amargos, es momento de mirar al horizonte, reconstruir espacios de articulación y promover consensos para asumir el desafío de reinstitucionalizar al país, dar conducción política a la transición y demandar las elecciones libres que anhelan los venezolanos.
Al cumplir su primer año, el movimiento presenta un balance positivo. Desde la Fracción Libertad, no solo ha representado la voz de la oposición que acompañó la ruta del 28J, sino que mantiene el compromiso de denunciar injusticias, luchar por la libertad de los presos políticos y proponer soluciones a los problemas cotidianos. Hoy, en cada estado del país, hay dirigentes de Unión y Cambio trabajando por el bienestar de Venezuela y el futuro de las próximas generaciones.


