Sáb. Ago 15th, 2026

Por Juan Velásquez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA. — Qué injusticia, ironía y descaro, mientras EE. UU. extrae no menos de 1.000.000 de barriles diarios de este país, que mantiene el salario más miserable del mundo a pesar de poseer las mayores reservas de hidrocarburos.

​Tenemos más de 20 años siendo castigados injustamente por una ideología que no compartimos, algo que quedó demostrado desde aquel segundo resultado electoral con la derrota de Chávez, cuando tuvieron que recurrir a la trampa y al fraude mediante la sistematización para simular una mayoría electoral que no tenían.

​Bienvenido el 3 de enero. La intervención de EE. UU. no fue gratuita ni pensada únicamente en nuestro beneficio; responde a la geopolítica, a la crisis que los afecta y a la búsqueda de la paz mundial. La Tercera Guerra Mundial es una opción sobre la mesa de discusión y los hidrocarburos forman parte de esa negociación.

​La narcodictadura desfalcó las arcas del Estado y llevó al colapso a todos los servicios públicos, incluso cuando el barril de petróleo superó los 100 dólares. Vivimos una tragedia sin precedentes; no hay gobierno previo que se le pueda comparar.

​Han transcurrido siete meses: ¿dónde están los recursos producto de la venta del petróleo y la fortuna robada a la nación por esta dirigencia? Gran parte de ese dinero permanece en bóvedas de bancos extranjeros que ya han reconocido su origen ilícito, lo que representa una garantía para su recuperación.

​En medio de esta crisis económica que golpea al 80 % de la población, resulta urgente tomar medidas para dignificar la calidad de vida de los pensionados. Es criminal la humillación de someter a un adulto mayor a un ingreso de 130 bolívares, mientras desde afuera afirman que todo está bien.

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​Los expertos en economía coinciden en que, con los ingresos de la venta petrolera, se debe hacer una excepción prioritaria con los jubilados: un ajuste digno por sus años de servicio que les permita hacer frente a la crisis de la salud pública, al alto costo de las medicinas y a la atención especializada que requieren.

​Este no es un tema partidista, es un asunto de valores humanos. Es pensar en la calidad de vida de quien ya no puede valerse por sí mismo; de aquel que trabajó, prestó un servicio a la nación y hoy se encuentra desamparado.

​Toda regla tiene su excepción.