Por Juan Velásquez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— El alma de la política —aquella alejada de las armas— radica en la defensa irrestricta de la Constitución. Así lo establece el artículo 350, al contemplar que el pueblo desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores y principios democráticos o menoscabe los derechos humanos.
Ante la inestabilidad jurídica, la indefensión judicial y la vacante de la presidencia, el deber ciudadano exige, conforme al mandato constitucional, la conformación de una junta de gobierno con el objetivo primario de convocar a elecciones presidenciales. Frente a pretensiones de desviar la ruta hacia comicios regionales que respondan a intereses ajenos a la patria y a la entrega de nuestros recursos naturales, la ciudadanía debe mantenerse firme. Mientras la injusticia prevalezca, sobrarán los motivos para continuar la lucha.
Existe una evidente crisis de representación política traducida en el distanciamiento de la sociedad respecto a los partidos tradicionales. En este contexto, María Corina Machado marcó la diferencia y logró devolver la esperanza al electorado, convirtiendo su propuesta independiente en una causa sólida: la hora de la gente y del protagonismo ciudadano. El cambio que ella encarna representa la transformación de la política en un verdadero gobierno de Estado al servicio de la sociedad.
Se aguarda el pronto retorno de la líder para que asuma la conducción de la gran movilización nacional. Es ella la llamada a convocar al país, pues encarna el liderazgo legítimo del cambio. No deben equivocarse quienes pretendan capitalizar el sentimiento popular que la dirigente representa. Ha llegado el momento de recuperar la soberanía nacional.


