Durante la ceremonia, se realizó el rito del cierre del ataúd, leído por monseñor Juan Alberto Ayala, obispo auxiliar de San Cristóbal, quien dio lectura al acta de inhumación
Con información de El Nacional
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LA NUEVA ANTORCHA.- La mañana de este viernes 8 de agosto, la Catedral de San Cristóbal se convirtió en el epicentro de la despedida a monseñor Mario del Valle Moronta Rodríguez, obispo emérito de la Diócesis de San Cristóbal, fallecido el 4 de agosto a los 76 años de edad.
A la ceremonia asistieron el nuncio apostólico en Venezuela, monseñor Alberto Ortega; el presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana y arzobispo de Valencia, monseñor Jesús González de Zárate; el arzobispo de Barquisimeto, monseñor Polito Rodríguez; el obispo de Margarita, monseñor Fernando Castro; el obispo de Trujillo, monseñor José Trinidad Fernández, y el obispo auxiliar de Caracas, monseñor Carlos Márquez, entre otras autoridades eclesiásticas.
Rito de cierre del ataúd y oración final por el monseñor Mario Moronta
Durante la ceremonia, se realizó el rito del cierre del ataúd, leído por monseñor Juan Alberto Ayala, obispo auxiliar de San Cristóbal. Dio lectura al acta de inhumación. Posteriormente, monseñor Lisandro Rivas, actual obispo de la diócesis, elevó una oración por el eterno descanso del prelado, acompañado de los presentes.
Nacido en Caracas el 10 de febrero de 1949, Mario Moronta se ordenó sacerdote en 1975 y designado obispo en 1990 por el papa Juan Pablo II. Sirvió como obispo auxiliar de Caracas, obispo de Los Teques y, desde 1999, como titular de la Diócesis de San Cristóbal, cargo que ejerció hasta su retiro en noviembre de 2024.
Su ministerio estuvo marcado por la defensa de la justicia social, la cercanía con los sectores más vulnerables y su firme voz contra las injusticias. Esto le valió incluso que lo declararan persona no grata en instalaciones militares.
Fue también primer vicepresidente de la Conferencia Episcopal Venezolana, impulsor de la sinodalidad y promotor de la formación del clero.
Aunque en sus primeros años mantuvo acercamientos con el presidente Hugo Chávez, en la última década se convirtió en un crítico abierto del gobierno chavista.
El cardenal Baltazar Porras, arzobispo emérito de Caracas, lo describió como “un hombre grande y luchador, pastor entregado y testigo fiel del Evangelio”. Y pidió a Dios que lo reciba “en su reino eterno”.

