Jue. Jul 16th, 2026

​»Donde hay un arpa, cuatro y maracas, hay un pedacito de Venezuela».

Juan Vicente Torrealba (1917 – 2019)

Músico, compositor y arpista venezolano.

Por José «Cheo» Salazar

X: @Cheotigre

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA. — Mi hermano Roberto Salazar enlutó nuestro clan familiar hace 17 años cuando abandonó este plano terrenal. En lo académico, ambos llevamos carreras paralelas; Roberto ingresó al INCE, donde destacó como profesor e instructor, encargándose del seguimiento y la inserción laboral de los jóvenes que se formaban bajo su tutela. En esa institución dejó una huella imborrable, y quienes fueron sus alumnos pueden dar fe de su integridad como educador.

​En el año 2000, mi hermano Miguel Salazar (quien poseía una franquicia de Industrias Polar y nos dejó también de forma prematura) se unió a Roberto en el empeño de celebrar por todo lo alto las fiestas del ancestral pueblo de Atapirire. A esta población nos unen profundos lazos de sangre a través de nuestra tía, Felicita Salazar —hermana de nuestra madre Anastelia— y su prolífica descendencia. Nuestro amor por ese pueblo es genuino. ¡Dígalo allí, primo William Díaz, hijo predilecto de la negra Barbarita!

​En aquella ocasión, Miguel, como presidente del comité, y Roberto, como comisionado para la contratación artística, organizaron unas fiestas memorables. Contaron con el respaldo del profesor Lorenzo Rondón, quien iniciaba su primer año como alcalde del municipio Francisco de Miranda. Lograron una sinergia perfecta. El éxito fue tal que el alcalde, impresionado, le pidió a Miguel que organizara también las ferias de Pariaguán. Como dato curioso, don José Vicente Torrealba, administrador de los quioscos, recuerda que se consumieron 700 cajas de cerveza durante la celebración. Los resultados fueron espectaculares.

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​Ese éxito se debió, en gran medida, a la presentación de prestigiosos exponentes de la canta criolla, como José Alí Nieves, «El Pico de Oro de Venezuela», y José Francisco Montoya, «El Tigre de Payara». Ambos aparecen en gráficas históricas junto a Roberto, unidos por una amistad fortalecida al ritmo del arpa, cuatro y maracas. «Yo no vendo mi caballo» y «Apure en viaje» son piezas infaltables en el repertorio de estos artistas que, lamentablemente, fallecieron en días recientes. En el cielo será el reencuentro y la fiesta vibrante.

​Bajo la animación del poeta José Gregorio «Golo» Mogollón, estos grandes del llano deleitaron a la gente de Atapirire y a los amigos que cada año honran a su patrona, la Divina Pastora. Es triste notar que, en tiempos recientes, la afluencia de visitantes ha mermado debido a la crisis y al pésimo estado de la carretera, cuyo último asfaltado fue gestionado por el profesor Juan Medina Lugo, hijo prodigio del pueblo. Desde entonces, el olvido ha sido cruel para esta vía.

​Los habitantes de Atapirire son gente honesta y de fe. Esperan que los tiempos mejoren, que regresen los buenos gobernantes y que se recupere la vialidad para que las nuevas generaciones retomen las fiestas patronales con la altura de antaño. El talento y el compromiso reaparecerán para volver a Atapirire como Dios manda.

​Atapirire es un pedacito de Venezuela con espíritu parrandero. Mis hermanos Roberto y Miguel llevaban la música en la sangre; no había fiesta en la zona sur donde no dijeran presente. Era, simplemente, una cuestión de identidad y estirpe criolla.

sjose307@gmail.com | 0414 3838097

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El Tigre, mayo de 2026