Lun. Sep 14th, 2026

Por Omar González Moreno

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- Nicolás Maduro, en un gesto que muchos consideran una burla, ha decidido otorgar a los educadores un bono de tan solo 12,50 bolívares para que pasen el asueto de Semana Santa.

Este monto ridículo no solo es un insulto a la profesión que forma las futuras generaciones, sino también una clara demostración de la falta de respeto hacia quienes han dedicado su vida a la educación a pesar de las adversidades.

La comunidad educativa, ya sumida en la pobreza y la desilusión, ve con impotencia cómo su labor es minimizada a través de un bono que equivale a menos de lo que se necesita para adquirir un bollo de pan.

Mientras los precios de los alimentos continúan en ascenso y la inflación devora cada billete, el régimen de Maduro parece ignorar la realidad de los maestros con esta mofa de mal gusto.

Este acto es solo una muestra más de un sistema que perpetúa la humillación, dejando a los educadores en un limbo de desesperanza y lucha diaria.

La reacción de los maestros ha sido de indignación y resistencia.

En un país donde la educación debería ser un pilar fundamental, el maltrato a quienes enseñan representa un fracaso de la sociedad.

Las protestas no se han hecho esperar; los educadores han alzado la voz en busca de reivindicación.

Porque no se trata solo de un bono, se trata de la dignidad y el reconocimiento a su labor esencial.

En esta Semana Santa, mientras muchos reflexionan sobre la esperanza y la renovación, los maestros venezolanos esperan que su perseverancia y sacrificio no caigan en el olvido.

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La lucha por salarios justos y condiciones dignas continúa, desafiando un sistema que intenta silenciar su voz con migajas.

La educación es un derecho y, en un país en crisis, sus maestros merecen mucho más que un bono insultante: merecen respeto y condiciones que les permitan enseñar con orgullo.