Por Omar González Moreno
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- La reciente debacle de Irán ha asestado un duro golpe a la ya debilitada dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela.
Sin capacidad económica ni militar para seguir respaldando al régimen chavista, Irán se ha convertido en un aliado meramente simbólico y, en algunos casos, en un obstáculo, incapaz de proporcionar la ayuda concreta que Maduro necesita desesperadamente.
A esto se suma la caída del régimen de Bashar al-Assad en Siria, otro pilar del chavismo, que ha dejado desconcertados a los tiranos venezolanos.
Durante años, Maduro, los ayatolás y Assad compartieron estrategias de represión y una retórica antimperialista.
Sin embargo, las derrotas de los regímenes en Irán y Siria han demostrado que incluso las dictaduras más longevas pueden colapsar cuando pierden el respaldo nacional e internacional.
La pérdida de Irán y Siria como aliados no es solo un golpe simbólico, sino también una advertencia clara de la fragilidad del régimen de Maduro.
Rusia y China, otros de sus principales apoyos, han mostrado su propia debilidad al abandonar a aliados históricos, lo que debe tener a Maduro profundamente asustado.
Este retiro colectivo de apoyo ha dejado a Maduro sin el respaldo geopolítico que le permitió resistir sanciones internacionales y protestas internas durante años.
En el ámbito interno, el panorama es aún más sombrío: el régimen ha perdido por completo su base social, y las fisuras en las fuerzas militares y policiales que lo sostenían son cada vez más evidentes.
Como señala un analista: “Rusia y China están enfocadas en sus propios problemas y no asumirán costo alguno para defender esta dictadura. Siria e Irán ya están derrotados y en Venezuela la oposicion, bajo el liderazgo de María Corina Machado, es cada vez más fuerte”.
El régimen chavista, que alguna vez se enorgullecía de su “eje de resistencia”, se encuentra ahora sin apoyo interno y aislado en el escenario internacional, con pocos aliados dispuestos a arriesgarse por un líder cuya legitimidad es cuestionada incluso por antiguos socios de izquierda, como Brasil, Colombia y Chile.
Mientras Maduro pierde apoyo externo, la situación interna en Venezuela se deteriora hasta niveles catastróficos.
La crisis económica, marcada por una hiperinflación histórica y el colapso de la industria petrolera, ha desatado una emergencia humanitaria que rivaliza con las peores crisis del mundo moderno.
Total, que todo parece indicar que el andamiaje de la dictadura chavista, con Maduro a la cabeza, se desmorona rápidamente y podría caer estrepitosamente más pronto de lo que muchos se imaginan.

