Mar. Sep 15th, 2026
Crisis republicanaEl inicio de la tormenta quedó registrado en la historia con la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, quien marcó una transformación significativa en el panorama político venezolano con promesas de justicia social, que lo abanderaron con el apoyo popular. Sin embargo, su gobierno también se caracterizó por una concentración progresiva del poder, la erosión de las instituciones democráticas y una creciente dependencia del petróleo.

Por Ronny Leonardo Padrón Pérez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- Estimo que es esa y no otra la mejor respuesta frente a la interrogante de moda en la República de Venezuela. Porque a diferencia del repudiable liderazgo demócrata empoderado a partir del 11 de abril de 2002, solo destacable por su alto nivel de mediocridad, traición y desvergüenza, desde el domingo 22 de octubre de 2023 la sociedad democrática venezolana mereció una conducción política de primer orden, certificada en todos los ámbitos de esta confrontación existencial contra el socialismo.

Así las cosas, se hacen necesarias algunas precisiones. En primer lugar la actual jefatura política de la resistencia democrática venezolana encarnada en la principal dirigente de la democracia liberal criolla, está apuntalando una candidatura presidencial rigurosamente ejemplar, en medio de unos comicios que habrán de celebrarse contra la voluntad del régimen de facto dominante, representado este por el PSUV, con todas las consecuencias que cabría esperar, considerada como fuere la naturaleza delictiva de esta organización cuyos principales cabecillas se encuentran perseguidos internacionalmente, dato de especial interés precisamente hoy Día Internacional de La Lucha Contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas.

Este nuevo liderazgo demócrata, caracterizado por un patriotismo no visto desde hacía mucho, indispensable por lo demás para hacer frente a un enemigo formidable cuando todos los entendidos aconsejaban ¨reservarse para mejor ocasión¨, puede exhibir entre sus cualidades la reconocida experticia en procesos electorales, iniciada en el Referendo Revocatorio Presidencial de 2004 a través de Sumate. Es decir, para el venidero evento comicial la Venezuela democrática dispondrá de un control electoral en capacidad técnica para evidenciar cualquier fraude en tiempo real, algo inédito en nuestro país.

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Pero más importante aún es la real disposición de esa jefatura política para ¨hacer lo necesario¨ en aras de obtener respeto a esa voluntad soberana de cambio que se atisba para las votaciones del 28 de julio. Es allí donde nos topamos con el mayor de los escollos, pues se trata de un enemigo organizado para el delito, que continúa vociferando su absoluta negativa para una entrega voluntaria del poder, cuya disposición genocida está más que demostrada.

Es allí donde entra en juego la superioridad moral de esta jefatura demócrata, que a diferencia de aquellos lideres expertos en derrotas inexplicables, entiende llegada la última oportunidad para el restablecimiento pleno del orden constitucional por vía pacífica, habida cuenta que la continuidad del régimen de facto implicaría la desaparición política de la república; en consecuencia de no lograrse una transición democrática basada en la soberanía popular expresada a través del sufragio procede la aplicación de aquellos mecanismos reconocidos por el Derecho Internacional Humanitario, considerando como fuere que desde hace mucho los venezolanos, pueblo eminentemente católico apostólico y romano, cumplió en rigor con todos y cada uno de los supuestos establecidos en el número 2243 del Catecismo de la Iglesia Católica.

A saber: ¨La resistencia a la opresión de quienes gobiernan no podrá recurrir legítimamente a las armas sino cuando se reúnan las condiciones siguientes: 1) en caso de violaciones ciertas, graves y prolongadas de los derechos fundamentales; 2) después de haber agotado todos los otros recursos; 3) sin provocar desórdenes peores; 4) que haya esperanza fundada de éxito; 5) si es imposible prever razonablemente soluciones mejores¨. Oración y trabajo.
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