Por Juan Velásquez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— La figura de Donald Trump posee una innegable capacidad histriónica, digna de un personaje de Hollywood. Su comportamiento político a menudo parece guionizado, un espectáculo constante que mantiene en vilo tanto a aliados como a adversarios. Sin embargo, su política exterior hacia Venezuela se ha caracterizado por la inconsistencia y la táctica dilatoria: «un paso hacia adelante y uno hacia atrás» durante casi tres meses.
La Contradicción y la Inhumanidad
La retórica fuerte de Trump contrasta con sus acciones en materia migratoria. No dudó en despojar del Estatus de Protección Temporal (TPS) a más de 600,000 venezolanos, tratándolos, de un plumazo, como parias. Esta decisión no solo es percibida como inhumana, sino que también es inconsistente con el supuesto apoyo a la causa democrática venezolana, poniendo en el mismo saco a víctimas inocentes y a delincuentes. Su conducta, al tratar a grandes grupos de personas con tal desprecio, lleva a algunos a tildarle de psicópata político o, al menos, de alguien profundamente indiferente al sufrimiento ajeno.
El Verdadero Objetivo: Negocio y Petróleo
Para Trump, Venezuela parece ser un objetivo primordialmente comercial. El interés central no es la democracia ni los derechos humanos, sino el petróleo. Esta visión pragmática y transaccional podría llevarlo, paradójicamente, a una negociación impensable: la liberación de responsabilidad para Nicolás Maduro o la reducción de las sanciones, si esto beneficia los intereses energéticos o comerciales de Estados Unidos.
La Deuda Imprescriptible de la «Robolución»
Independientemente de las decisiones de Trump, la justicia internacional tiene sus propios tiempos. Los crímenes de Lesa Humanidad no prescriben. La tragedia que ha devastado a Venezuela ha sido sistemáticamente causada por una «Robolución» que se extiende por más de 30 años, cuyo origen se remonta al golpe de estado. Esta gestión ha sumido al país en una continua conmoción social que ha desembocado en una descomposición social sin precedentes en la historia republicana de la nación. Maduro tiene la obligación de responder por el daño infligido.
Un Actor Político Temporal
Trump carece de la formalidad y el temple de un estadista tradicional. Es, ante todo, un actor de reparto que incursionó en la política de manera temporal, tras consolidar su fortuna como empresario. Su estrategia en el caso venezolano parece estar orientada a un desenlace dramático: espera que el pueblo venezolano se sacrifique, que salgamos como «carne de cañón», para que él pueda culminar el show político y Maduro se vea obligado a pedir clemencia.

