Por Juan Velásquez
Columna de Opinión
LA NUEVA ANTORCHA. — Quien a hierro mata, a hierro muere; no puede esperarse un trato indulgente. La sucesora ha demostrado ser digna heredera de otra falsedad más del proceso revolucionario: hoy al servicio del imperio, ante el cual se doblega y rinde pleitesía.
El líder supremo debe estar revolcándose en el infierno. Sus aliados, parásitos del castrocomunismo —Maduro y los secuaces de Fidel Castro, quien adoctrinó al demagogo de Sabaneta—, terminaron cediendo el poder. A su vez, los hermanos Rodríguez —hijos de aquel involucrado en el secuestro de William Niehous, quien traicionó a sus propios compinches de la banda guerrillera para que estos terminaran refugiados en Francia bajo el amparo de su padrastro, Carlos Ilich, «el Chacal»— operan como piezas clave del mismo engranaje.
Son estos mismos actores quienes pretenden normalizar un Estado forajido, actuando como si jamás hubiesen roto un plato. Estos oscuros personajes aspiran a salir impunes de las garras del líder imperial de turno, quien actúa cegado por la soberbia de un faraón.
Nos encontramos ante una trama de desenlace incierto, enmarcada en una deuda proyectada de 300.000 millones de dólares. Se trata de la mayor estafa gubernamental en la historia del país, que deja a una población de 30 millones de habitantes endeudada por generaciones en nombre de una falsa Revolución.


