Por: Soc. José Manuel Salazar M.
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— En la Venezuela de hoy, equivocarse dejó de ser una opción. La realidad exige despojarse de la diatriba estéril y asumir el lenguaje de la cruda realidad. Lo que hoy se respira en nuestras calles no es el eco de una disputa partidista, sino el clamor de una sociedad que maduró a fuerza de golpes históricos; un país exhausto de la política de apariencias que exige soluciones a la calamidad diaria y clama por una unidad horizontal donde nadie pretenda erigirse como heredero de lo que no ha construido.
Mientras la dirigencia tradicional insiste en las fotografías, el ciudadano de a pie se enfrenta al colapso sistemático de los servicios públicos, las fallas del sistema eléctrico y a la constante devaluación que pulveriza los ingresos del trabajo honesto. En este escenario de mera supervivencia, insistir en las viejas prácticas de la política ya no es viable.
El país aguarda con legítima expectativa el retorno de María Corina Machado, reconociendo que su constancia trazó el camino hasta este punto. Sin embargo, las movilizaciones del pasado fin de semana, que intentaron proyectar un éxito colectivo que la calle no validó, obligan a una pausa reflexiva. El silencio del ciudadano común ante esos despliegues no fue indiferencia; fue el síntoma de un profundo cansancio frente a sectores para los cuales la crisis parece ser solo un catalizador para preservar cuotas de control.
Hacer política con responsabilidad hoy implica comprender que la legitimidad no se hereda por simple proximidad. Colocarse una gorra o subir al estrado de una victoria ajena no otorga estatura política. Este mensaje interpela tanto a las filas del movimiento originario de María Corina Machado como al resto de la oposición tradicional: la soberanía del afecto popular pertenece a la causa del país, no a las siglas que pretenden administrarla. La sociedad está lista para avanzar en una unidad horizontal y firme, pero no va a caminar detrás de estructuras que confunden el rol de servidores públicos con el de herederos políticos.
Una transición cultural y de comportamiento
La urgente necesidad de un cambio trasciende el ámbito estrictamente político; se trata, fundamentalmente, de una transición cultural. No basta con sustituir nombres en la administración del Estado; es indispensable transformar de raíz los comportamientos y dinámicas que condujeron al colapso institucional.
Esta evolución exige pasos firmes e inmediatos en dos frentes esenciales:
- En lo político: Romper con el mesianismo, el clientelismo y la costumbre de instrumentalizar al ciudadano como un simple espectador de tarima. La dirigencia debe construir desde la horizontalidad, el respeto y la inclusión, dejando de lado el sectarismo.
- En lo ciudadano: Superar la cultura de la resignación y el individualismo. Corresponde asumir una corresponsabilidad activa, donde la contraloría social, la ética cotidiana y la solidaridad sean los cimientos de la reconstrucción nacional. Para edificar un país distinto es indispensable abandonar las lógicas del pasado.
La política trasciende la fotografía
Venezuela pertenece a la totalidad de sus ciudadanos y no a un grupo selecto que se autopromueve como la alternativa natural, corriendo el riesgo de reproducir las mismas deficiencias que se buscan superar.
La política no es una imagen estática para redes sociales ni una estrategia publicitaria para simular una sintonía inexistente. Se trata de una disciplina de responsabilidades sagradas que incide directamente en el acceso a los servicios básicos, la seguridad alimentaria y el futuro de las familias. Es una materia infinitamente más seria que el color de una insignia partidista.
A los políticos se les exige comprender que el país demanda un nivel superior de compromiso. No se requieren herederos de espacios vacíos, sino estadistas con la humildad necesaria para subordinar personalismos al bienestar colectivo. A los ciudadanos nos corresponde mantener la lucidez, exigir excelencia, transformar nuestra propia conducta cívica y recordar que el protagonismo de esta historia le pertenece a la sociedad que padece y sostiene a la nación.
¡No te rindas!


