Por Domingo Luis Díaz Mendoza
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- No descalifico a nadie en ningún acto de mi vida; menos aún en mis escritos, en la radio o cuando me corresponde moderar en la televisión, pues nada de lo humano me es ajeno. Sin embargo, desde mi niñez en Caiguire, Cumaná, estado Sucre, una máxima de mis padres permanece vigente: “Respete pa’ que lo respeten.”
Algunas figuras políticas que en otro tiempo acapararon la atención nacional, y que llegamos a considerar con potencial para ocupar la Primera Magistratura, parecen haber perdido la brújula sobre la realidad actual del país y, lo más grave, el respeto a la ciudadanía. Les urge tomar cápsulas de UBICATEX al despertar y al anochecer.
Declaran a diario en medios controlados y redes sociales sin comprender que el rechazo a sus comportamientos, y por ende a ellos mismos, es total. El elemental respeto a la persona humana me impide manifestar lo que realmente siento hacia ellos. El mismo sentimiento aplica para aquellos que resultaron «electos» diputados en el pasado, los mismos de 2015, demostrando que «no aguantaron un cañonazo de cien mil pesos».
(Histórica frase atribuida a un político mexicano durante la revolución de ese país para referirse a los generales de la época. Lamentablemente, eso no ha cambiado.)
Ahora, uno de estos exlíderes le exige a la señora Machado que pida las actas para «demostrar quién ganó y no seguir engañando al pueblo.»
El Nemecio de Caiguire, Cumaná, nos manda a recordar: «El que tiene buena voz no manda a cantar a otro.»
Juanchona, el alter ego de Nemecio, en una conversación con Jesús Velásquez, Chilo Cordero, Carlinga y este servidor, no tiene reparos: «Este ex tiene más bolas que el Caballo del Mariscal Sucre, está Perdido en el Espacio, es un Cara ‘e Bloque,» y remata: «Personajes como él le han hecho un daño profundo a la actividad política.»
Carlinga interrumpe para reforzar el enunciado de Juanchona: «Se creen indispensables y no aceptan que su manera de conducirse políticamente en los últimos años ha sido contraria a la de la inmensa mayoría nacional. De allí el rechazo observado tanto al declarar como al aparecer en público.»
La sensatez nos obliga a sopesar actitudes públicas y a ubicarnos en tiempos y espacios. Los estudiosos del comportamiento humano afirman que los rostros de quienes han tenido conductas no acordes con las mayorías son difíciles de borrar y permanecen en nuestra memoria. Es el mismo efecto que se dispara al pasar por un sitio donde uno vivió un hecho desagradable.
Juanchona, interviniendo una vez más, lo sentencia de forma visceral: «Eso es como los cachos, al uno verla se acuerda.» Todos soltamos una carcajada. Él remató con una sentencia de la Escritura: «El libre de eso, que lance la primera piedra.»
Que Dios nos proteja de todo.
Domingo Luis Díaz Mendoza
Cumaná, 29/10/25.

