Por Franklin Martinez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- Los movimientos políticos y sociales en beneficio de la humanidad o naciones en particular a través de la historia han sido orientados por reconocidos liderazgos individuales o colectivos, personas con formación y/o trayectoria, compromiso con valores positivos como igualdad, soberanía, independencia, derechos humanos, libertad, entre otros; Mandela, Martín Luther King, Bolivar, son ejemplo de ello. Hasta allí todo parece ir bien, pero, ¿Que ocurre cuando los rostros que promueven y condicionan el comportamiento social son los «influencers» de redes sociales?
Ese parece ser el caso venezolano en los últimos años; es difícil caracterizar a estas personas, los hay de todo tipo, en distintas áreas de la actividad humana, celebridades de «algo», expertos en política nacional, geopolítica, estrategia militar, psicología, astrofísica, numerología, lectura de cartas, cenizas y otras artes; muchas veces, todo eso en una sola persona, de la cual, por cierto, en la mayoría de los casos se sabe poco sobre donde y cuando adquirieron tantos conocimientos, son la antipoda de la expresión Socratica, solo saben que lo saben todo.
Por supuesto me refiero a los que prestan sus servicios al extremismo opositor, al escucharlos hablar parece que le bautizaron un muchacho a Trump y comen parrilla con él en los jardines de la casa blanca todos los domingos; conocen en exclusiva todo lo que va a ocurrir, manejan información ultra secreta de la que nadie conoce las fuentes y generalmente terminan siendo falsas, pero no se amilanan por ello, a la semana siguiente, una nueva primicia.
Algo está funcionando muy mal en la sociedad cuando un sector importante de ella le otorga tanta credibilidad a personas que se disfrazan de comunicadores para sembrar odio y promover intervención militar extranjera en el suelo patrio; y cuando se ensañan con algún venezolano que tiene ideas diferentes llegan a los extremos, asesinato moral, y eso ocurre cuando les sueltan la correa; se comenta en su círculo que reciben pagos y que amenazan a colegas suyos con «destruirlos» si no le hacen coro a la narrativa del momento; no me consta por tanto no puedo afirmarlo con certeza absoluta; acabo de descubrir que no puedo ser influencer, no hago aseveración sin prueba.
Esta reflexión no alude a quienes usan las redes sociales para promover el arte, la cultura, educación y demás actividades que ayudan o enriquecen el quehacer humano, sino a los que la usan para sugestionar negativamente la psiquis colectiva con antivalores que socaban el nacionalismo, la democracia, el respeto a ideas ajenas, entre otros.
En la medida que individuos sin límites éticos y morales, vendedores de humo, como acertadamente los denominan algunos, sigan marcando la pauta a un sector de la población venezolana, nuestro país avanzará hacia el despeñadero, sin embargo la solución no está en limitar las redes sociales, ese sería un diagnóstico errado, la carencia está en la educación ciudadana a la que el Estado venezolano dejó de atender con carácter prioritario, es algo sobre lo que hay que poner lupa, de no hacerlo corremos el riesgo que las futuras generaciones tengan a los influencer en mas alta estima que a Bolívar, Páez o Sucre, por ejemplo; ya está ocurriendo.

