Jue. Jun 18th, 2026

Por Alberto García Sánchez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA. — Que altos voceros del sistema anuncien ante los comunicadores sociales, en rueda de prensa, el cierre y transformación de los centros de torturas es un gran avance que reafirma que transitamos la ruta hacia la libertad. Eso nos indica que el camino hacia la dignidad nunca ha sido una línea recta; suele ser un sendero escarpado, lleno de retrocesos aparentes y, sobre todo, de un pesado manto de escepticismo. Es comprensible. Cuando un cuerpo social ha sido sometido al desengaño prolongado, el pesimismo extremo se convierte en una especie de mecanismo de defensa. Sin embargo, negar los avances cuando estos empiezan a materializarse frente a nuestros ojos no es prudencia: es ceguera voluntaria.

​Hoy estamos transitando, con pasos firmes, la ruta hacia la libertad. Y no se trata de una consigna vacía o de un optimismo ingenuo; se trata de hechos que hasta hace poco parecían impensables.

​Para miles de familias que han tenido a los suyos «bajo la sombra» por el simple delito de disentir, esto no es un cálculo político: es un alivio humano inconmensurable. Es la certeza de que la presión, la resistencia y la dignidad ciudadana sí surten efecto, quebrando incluso las estructuras más rígidas. Cada candado que se abre es una victoria de la sociedad civil.

​A la par de estos avances en derechos fundamentales, el debate público empieza a recuperar su cauce natural. Ya no solo se habla de supervivencia, sino de exigencias legítimas como la lucha incansable por el aumento salarial para los trabajadores que sostienen al país, y de un hito electoral decisivo: las elecciones presidenciales.

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​En esa cita electoral no nos jugamos el triunfo de un nombre o de una parcela política; nos jugamos el destino de la nación, la reconstrucción institucional y la posibilidad real de dejar atrás la seudorevolución que hipotecó nuestro futuro.

​La luz al final del túnel ya no es un espejismo lejanísimo. Está ahí, y ella es María Corina Machado, que se juega el todo por los venezolanos. Pero las luces solo iluminan el camino; nos corresponde a nosotros caminarlo. El avance es real, la oportunidad es histórica y el destino depende de nuestra capacidad para sacudirnos el pesimismo y asumir, con madurez y determinación, el rol protagónico que nos corresponde. No es momento de vacilar; son tiempos de entregarnos en cuerpo y alma en defensa de la dignidad. Estoy tan impregnado de optimismo que siento como si me hubieran soltado la cabuya en mi hogar. ¡Es una forma de ver la vida!

Albert

16/06/26