Por Ronny Leonardo Padrón Pérez / Democracia Cristiana Hoy
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— Desde los sucesos del 11 de abril de 2002, nunca había sido tan imperativo el clamor popular por elecciones generales en Venezuela. Es fundamental comprender que esta exigencia —como cualquier demanda de libertad— no está dirigida a los opresores, cuya facultad de interlocución es nula debido a su naturaleza estructural. Por el contrario, su destinatario es la comunidad internacional y las potencias que, en estricto apego al derecho, impulsan un proceso político orientado al restablecimiento pleno del orden constitucional en nuestra nación.
No podría ser de otra manera. Los demócratas que hemos persistido en esta lucha aprendimos que el desprecio por la vida humana es el rasgo distintivo del sistema dominante. Ante un esquema que ha operado al margen de la ética y la ley, la vía del reconocimiento institucional se agota, dando paso a la necesidad de una presión externa e interna coordinada.
El despertar de la asertividad ciudadana
Resulta satisfactorio observar el alto grado de asertividad que ha manifestado la sociedad venezolana, especialmente tras el hito del domingo 22 de octubre de 2023. Aquellas elecciones primarias de la Plataforma Unitaria Democrática marcaron un antes y un después. Quedaron atrás los días de un pueblo diezmado por el socialismo y sus colaboradores necesarios: esa falsa oposición, perpetuada únicamente por la voluntad del opresor para simular una pluralidad inexistente.
Hacia un sistema de libertades
Hoy, bajo una nueva conducción política legitimada por el voto popular, la sociedad venezolana avanza de forma indetenible hacia la recuperación de su sistema democrático. El objetivo es claro: alcanzar el sufragio universal, directo y secreto en condiciones libres y justas. Este es el único antídoto eficiente frente a la anacrónica pretensión socialista de esclavizar y anular a quienes disienten.
La ruta hacia la transición exige constancia y principios. Como guía de nuestra acción ciudadana, prevalece la premisa: Oración y trabajo.
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