«El traidor es más peligroso que el enemigo externo, pues atenta contra la confianza sobre la que se asienta la comunidad.» — Santo Tomás de Aquino
Por Ronny Leonardo Padrón Pérez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA. — Siempre se ha dicho que, tanto en la guerra como en cualquier conflicto de trascendencia, al enemigo se le enfrenta y se le combate, pero al traidor se le juzga con el mayor de los rigorismos —al menos en el plano simbólico y moral—, pues la traición representa la degradación más deleznable de la condición humana. El ámbito de la ciencia política no constituye una excepción a esta premisa; sin embargo, la dinámica contemporánea de la República de Venezuela no deja de causar perplejidad.
Como es de conocimiento general, la devastación venezolana provocada por el modelo socialista iniciado a finales de 1999 ha sido de tal magnitud que, con la honrosa excepción de instituciones como la Iglesia Católica y las Academias Nacionales, la estructura del país resultó severamente fracturada, especialmente en lo tocante al componente ético. El quiebre ha llegado al extremo de que el ciudadano común, abrumado por la urgencia, podría llegar a considerar aceptable un proceso de transición encabezado por aquellos mismos actores que, bajo el velo de una supuesta oposición democrática, no vacilaron en alinearse con factores de tutelaje externo para frenar el ascenso de la jefatura política legitimada mediante el voto popular el 22 de octubre de 2023 y ratificada masivamente el 28 de julio de 2024.
Semejante paradoja encuentra su justificación en el profundo pavor que genera la continuidad del régimen de facto. La parálisis cotidiana, evidenciada de forma inclemente en el severo racionamiento eléctrico actual, constituye por sí sola una razón suficiente para exigir el restablecimiento inmediato y pleno del orden constitucional.
Al analizar la actuación de los integrantes acreditados en la denominada Mesa para la Transición Democrática, se percibe una notoria subordinación respecto a las directrices emanadas del actor tutor internacional. Esto se evidencia en la aceptación de un cronograma político caracterizado por una parsimonia que solo se explicaría por la ejecución paralela de agendas al margen de un verdadero Estado Democrático de Derecho y de Justicia legitimado por la vía del sufragio.
Prohibido olvidar. Oración y trabajo.
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