Por Alberto García Sánchez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— Al despuntar el alba, recibí la llamada de mi entrañable amiga María Eugenia, una incansable defensora de los derechos humanos y ferviente admiradora del liderazgo de María Corina Machado. Su voz, cargada de una mezcla de esperanza y angustia, reflejaba la inquietud por la necesaria reactivación de las fuerzas ciudadanas para unificar criterios en la lucha por la democracia. Su desvelo principal: el destino de los presos políticos que aún permanecen en cautiverio, ignorando las exigencias internacionales de poner fin a la represión y a las detenciones arbitrarias.

—¿Pero qué podemos hacer si desde el Ministerio Público se ordenan capturas contra ciudadanos y periodistas por el simple hecho de opinar? Tengo miedo de participar incluso en protestas pacíficas; no existen garantías constitucionales —confesó María Eugenia, buscando en mi respuesta una tregua a su incertidumbre.
—Tienes razón en tu diagnóstico —le respondí—, pero la sociedad no puede permanecer inmóvil esperando que figuras como María Corina o Donald Trump resuelvan la crisis por cuenta propia. La libertad exige presencia: en reuniones, en la organización y en las acciones de calle, hasta que la opresión cese.
Aproveché ese instante para invitarla a la reflexión sobre la naturaleza de su temor:
»Recuerda que, en gran medida, el miedo es una ilusión alimentada por percepciones subjetivas y experiencias traumáticas, no siempre por amenazas inmediatas. Aunque la biología nos alerta a través de la amígdala para sobrevivir, el miedo psicológico —ese que nos paraliza ante el fracaso— es una construcción mental que amplifica escenarios hipotéticos.»
Le insistí en que se sumara a las convocatorias manteniendo la prudencia necesaria, pues solo la acción colectiva permitirá la reconstrucción del país. Para cerrar, invoqué el pensamiento de Séneca: «Sufrimos más a menudo en la imaginación que en la realidad». Los miedos que nos detienen suelen basarse en proyecciones catastróficas del futuro, no en el presente que habitamos.
—Olvida, María Eugenia, ese temor que te impide ofrecer tu aporte esencial como ser humano. Necesitamos rescatar una patria de deberes y derechos, que es el fin último de toda democracia.
Su respuesta, un susurro que buscaba reafirmar su propia fuerza, fue una repetición constante:
—Amén… amén… amén.
Albert
26/01/2026
Cambios clave realizados:
- Vocabulario: Se sustituyeron términos comunes por otros más precisos (ej. «muy temprano» por «al despuntar el alba», «inolvidable» por «entrañable»).
- Cohesión: Se mejoró la transición entre la situación política y la reflexión filosófica sobre la amígdala y el pensamiento de Séneca.
- Eliminación de repeticiones: Se evitó repetir frases similares sobre la naturaleza ilusoria del miedo para que el texto fluya con más naturalidad.
- Formato: Se utilizó una cita en bloque para resaltar el consejo central, dándole un aire más editorial.

