“¿Cuál es el sueño de los que están
despiertos? La esperanza”
Carlomagno “Carlos I, el grande (742-814)
Monarca germano
José «Cheo» Salazar
X: @Cheotigre
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- José Oito Lira Rondón, es oriundo del Casco Viejo de El Tigre, forma parte de la primera generación de tigrenses. Hijo del matrimonio que formó parte de los primeros pobladores del embrionario pueblo, José María Lira Reyes y Ana Margarita Rondón de Lira, que lo trajeron al mundo el 05 de agosto de 1939, desde su niñez abrazó la pasión por el fútbol. En ese deporte ha estado en rol protagónico como jugador, entrenador, director técnico, promotor y como el zorro pierde el pelo, pero no las mañas, continúa como fanático, comentarista y crítico del deporte que mueve más público, euros y dólares en el mundo. El balompié ha sido, es y continuará siendo el deporte rey. El fútbol es simple, decía el jugador y entrenador neerlandés Johan Cruyff, pero es difícil jugar de forma simple. El que quiere, puede. A echarle ganas.
El inicio de nuestro personaje en el balompié fue prácticamente por una casualidad de la vida. En ese tiempo existía una sola cancha de fútbol en la ciudad. Estaba y todavía sobrevive, ubicada en Campo Oficina y allí, José Oito, asistía en calidad de fanático, pero como el que anda con cojo, siempre cojea, fue metiéndose como río en conuco en la cancha como aprendiz y, a la postre resultó un excelente jugador y, luego de una larga y fructífera carrera como futbolista de primera categoría, ahora forma parte, retirado de las canchas, de la galería exclusiva de los más brillantes jugadores que esa disciplina deportiva que ha producido la ciudad de El Tigre. Querer es poder. José Oito, le echó ganas, pudo y lo logró.

Nuestro personaje, estudio en la primaria en la escuela «Dr José Manuel Cova Maza» la cual tenía su sede en la calle Antonio Ricaurte, luego inició la secundaria en el liceo Pedro Briceño Méndez, pero como la «troja estaba alta en la casa» tuvo que abandonar e incorporarse al mercado laboral para colaborar con el presupuesto familiar. El señor Nicóla Fasciani, propietario del Taller Roma le dió oportunidad como ayudante de soldadura y, como el interés por el aprendizaje siempre le interesó, durante los 3 años que laboró en esa prestigiosa empresa, en sus horas libres, hizo cursos en el INCE: Manejo de Aceites, Bombero y Mecánico de Telar. Luego con ese bagaje de conocimientos viajó a Puerto Ordaz, dónde logró empleo en un taller de latonería y pintura, propiedad de Francisco «Chico» Moreno (luego montó un taller detrás del banco Provincial) desempeñándose como ayudante del pintor oficial, Orlando «Chivatón» Omaha inmigrante colombiano que luego vino a El Tigre e instaló su propio taller en la salida a Pariaguan. «Chevatela, Chivatón, exclamaba pegado a una sinfonola, cuando escuchaba los discos de Javier Solis. Esa es otra historia.
La estadía en Puerto Ordaz fue efímera porque hubo un intercambio futbolístico con un equipo de Valencia que defendía los colores de la sastrería «Dandy» cuyo cuerpo técnico al observar su talento como jugador, lo invitaron al estado Carabobo, con todos los gastos cubiertos, mientras le lograban un empleo. La tentadora oferta incluía alojamiento, alimentación, uniforme y viáticos. Todo por cuenta del equipo. No lo pensó dos veces y aceptó la invitación a la capital carabobeña. Un importado privilegiado.
En Valencia lo instalaron en la pensión Madrid, lo incorporaron al equipo «Mundifútbol» y lo emplearon en la textilera «Pacífica», la cual estaba ubicada en Guacara, luego mejoró su estatus laboral cuando logró integrarse al staff de trabajadores de la prestigiosa empresa Papeles Venezolanos, C.A «PAVECA» dónde laboró por espacio de 15 años y, al retirarse, regresó a su patria chica. Muchas vivencias en los campos de fútbol del centro del país experimentó intensamente José Oito Lira Rondón. Una aventura fascinante.

En la vida social, cultural y deportiva fue un protagonista de primera línea en Guacara. Formó parte del Club Arévalo, El SOA (Sociedad de Obreros y Artesanos), y Los Sobrinos, dónde destacó como jugador de dominó, bolas criollas y organizador de eventos culturales y deportivos desde su posición de directivo de esos clubes de servicio. Grandes amigos y un hermano, todavía conserva en esa bucólica ciudad. José Vicente Lira Rondón, Joseito Martínez, Jesús Chirinos y el rey de los fuegos artificiales, José «Nene» Hernández, personajes muy populares en el gentilicio guacareño ¿En el béisbol? Magallanero a rabiar. Todavía me recuerda el jonrón de Willy Horton que golpeó en el centro de la pizarra y le dañó todas las luminarias. Entonces, los carabobeños para darse bomba, decían cuando llegaban a cualquier reunión «Llegó Willy Horton» o sea la «pepa el queso», dijera un maracucho.
En El Tigre tiene la satisfacción de haber formado parte del equipo de fútbol juvenil del liceo Pedro Briceño Méndez bajo la dirección técnica del Prof. Juan Facendo, dónde destacaban jugadores de la talla de Nelson Bermúdez, el indio Gómez, Enrique Sánchez, Luis Aníbal Velásquez, Luis La Roche Abreu, Rubén Guevara, Orlando Martínez (shorts stop de Criollos de El Tigre, también) Brígido Vicent, entre otros excelentes futbolistas. También formó parte de la oncena El Tigre FC que dirigió Guillermo González, a la sazón ebanista de calidad y fue el diseñador y fabricante de las puertas de la iglesia Virgen del Valle y el Colegio Divino Maestro. Memoria contra el olvido.
El largo historial de José Oito lo llevó a formar parte del equipo Croacia de Valencia con el cual logró 3 campeonatos estadales. En ese maravilloso equipo, alineaban como regulares los paisanos José Vicente Lira Rondón (hermano), Nelson Durán, Ángel «Harris» Albert y Pablo Albert. Orgullos tigrenses.
Integrando el equipo de la empresa PAVECA, también logró un campeonato estadal y con la oncena «Teneria El Puma» ya en el rol de Director Técnico y jugador obtuvo el subcampeonato. Una huella profunda en el fútbol carabobeño.
En El Tigre no fue menos prolífica su cosecha de éxitos con los equipos con los cuales formó filas. Tres veces campeón con la Casa Nueva Esparta, dónde brillaron, también, Rachid Martínez, Sabi Aranaga, Samuel Reyes, Francisco «Cayito» Tirado, Luis «Culí» Martínez, José «Pegón» Fajardo y Manuel Barrios, entre otras estrellas del momento y muchas de las cuales todavía brillan en las categorías de veteranos y Máster. Todos esos lauros fueron logrados en la primera categoría, antesala del profesional. En ese tiempo la calidad del deporte del balompié era excelente y los niveles de preparación muy exigentes. Fue la época de oro del fútbol amateur en la ciudad. No hay un ápice de dudas.
En uno de sus tantos viajes como integrante de la selección de Anzoátegui, recuerda una anécdota «viajamos para participar en los juegos nacionales y Bethermi «Culi» González, ya en Caracas, emocionado nos invitó a todos los compañeros de equipo y exclamó: vamos a conocer el telegráfico cuando en verdad se refería al Teleférico. Una vez que cometió el error, lo dejaron de llamar Culí y lo chalequeban llamándolo El teleférico. Y en otra oportunidad, «Camilo Scribani, integrante de la selección, los invitó a una refresqueria a disfrutar de un buen toddy y cuando fueron a cancelar les estaban cobrando Bs. 3 por cada uno. Todos reclamaron y le decían al dueño del negocio que en la casa New York de El Tigre, el toddy era de mejor calidad y costaban Bs. 0,50, además eran futbolistas y los viáticos que les daban eran de apenas Bs. 5,oo. El representante del local, ante la situación, les dijo «Ok., no paguen nada, pero se me retiran inmediatamente». El que no llora no mama. Pegaron el boche.
José Oito Lira Rondón lleva el fútbol en su ADN. Hace unos años, antes de pasar al retiro definitivo, con Alí Martínez, crearon y fueron pioneros del futbolito en la ciudad. Entrenaron a un grupo de niños y adolescentes, armaron 8 equipos, hicieron un torneo en el campo Los Cachorros de Pueblo Ajuro, que para ese entonces era un arenal, lo que no fue obstáculo para que el evento se desarrollara y culminará con éxito. Esa experiencia sembró en el corazón de los deportistas esa disciplina futbolística la cual, ahora, se practica de forma masiva en la ciudad. Hasta en las calles montan un juego. Un largo camino se inicia con el primer paso.
Es interesante la versión que sustenta José Oito Lira Rondón con relación a la llegada del fútbol al país. Entró por El Callao, asegura sin titubeos. Hay que recordar que la isla de Trinidad and Tobago fue colonia de Inglaterra, dónde el fútbol es deporte nacional y la mayoría de los callaonses tienen raíces trinitarias y por ende, fueron los pioneros en Venezuela al introducir la pasión por el balompié a nuestra tierra. Ese versátil, masivo y emocionante deporte ahora despierta pasiones y mueve sumas millonarias de dinero en el país e incluso sirve como incentivo para mover la economía en las ciudades dónde se desplazan y se desarrollan los interesantes y competitivos juegos. Es más, nuestro equipo Vinotinto ya dejó de ser la cenicienta del continente y, pronto estaremos clasificando para los mundiales. No lo dudéis.
José Oito Lira Rondón, tal como referí al inicio de este destello, forma parte de la primera generación de tigrenses y en su larga carrera futbolística dejó una huella indeleble en la ciudad y el país, por lo que, es importante que cuando nuestros eximios cronistas, historiadores e investigadores decidan escribir la verdadera y auténtica historia de la ciudad, lo incluyan en el disco duro de la memoria histórica de esta pequeña urbe que nació al calor de la industria petrolera el 23 de febrero de 1933 ¡Vale la pena!
sjose307@gmail.com …0414 3838097 …El Tigre, agosto de 2024

