Vie. Sep 18th, 2026

«Todas las personas mayores fueron al principio niños. (Aunque pocas de ellas lo recuerdan)»
— El Principito, Antoine de Saint-Exupéry

Por José «Cheo» Salazar

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- En la historia de nuestra ciudad, perdura un relato popular que no hace justicia a la vida de Noel Timoteo Rodríguez, mejor conocido como «Mateo». Se le conoce como «el hombre que vivió del cuento», una etiqueta que, aunque cariñosa, es inexacta. Si bien su negocio de compra, venta y trueque de historietas en el mercado fue icónico, su trayectoria fue mucho más amplia y laboriosa.

¿Quién de nosotros, en su infancia o adolescencia, no visitó el puesto de Mateo en el mercado de la calle Guevara Rojas o, más tarde, en la calle Miranda? Era el lugar de peregrinación para cualquier aficionado a las historietas, un punto de encuentro que lo convirtió en un personaje querido y respetado en El Tigre. Fue, sin duda, un pionero en este oficio, y de ahí nació la anécdota que hoy todos conocemos.

Sin embargo, reducir su vida a esa única actividad es un error. Mateo fue un verdadero emprendedor y un ejemplo de tenacidad. Desde su llegada a El Tigre en 1940, con apenas 19 años, se abrió camino con varios oficios:

  • Comienzos humildes: Empezó como limpiador en salones de billar, un pasatiempo muy popular en la época.
  • Aprendiz y vendedor: Posteriormente, en la primera fábrica de refrescos «colitas» del Sr. Lucio Martínez, aprendió el arte de las ventas, destacándose como vendedor y distribuidor de perfumes por toda la región.
  • Emprendimientos diversos: También incursionó en el alquiler de equipos de sonido, montó una pequeña fábrica de dulces de azúcar («capuyitos») y abrió el primer puesto de «todo a real» en el mercado.
  • Sastre autodidacta: De manera autodidacta, aprendió sastrería e instaló, junto a su esposa Irene Vásquez, una fábrica de pantalones largos para niños. En una época en que predominaban los pantalones cortos, esta innovación fue un rotundo éxito.
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Los pedidos de fin de año eran tan numerosos que, además de su esposa, tuvo que contratar a cuatro mujeres que trabajaban hasta 18 horas diarias para satisfacer la demanda.

Todo esto demuestra que, para Mateo, el trabajo y la creatividad fueron la verdadera esencia de su vida, mucho más allá del «cuento» de las historietas.

El verdadero cuento de Mateo
Irene Vásquez, su viuda, con quien se casó en 1957, es la prueba viviente del legado de Mateo. Juntos procrearon tres hijos: Omar Noel, Edgar Noel y Nancy Margarita, abogada que ejerce su profesión en EE. UU. Doña Irene, una mujer amable que reside desde hace 40 años en la 8va carrera sur, siempre está dispuesta a compartir la historia de su esposo.

Ella nos revela el verdadero cuento de Mateo: el de un hombre que, con voluntad, imaginación y mucha creatividad, superó las dificultades de un entorno emergente. Con esfuerzo, dedicación y empeño, no solo se ganó la vida, sino que también levantó una familia ejemplar y honorable. Ese es el relato que merece ser recordado.

Es fundamental que los historiadores y cronistas de la ciudad reconozcan la figura de Mateo. Su negocio de historietas es una parte imborrable de la memoria colectiva, un eco de las vivencias que forjaron a esta urbe nacida al calor de la industria petrolera el 23 de febrero de 1933. Es hora de que su historia completa, la de un emprendedor nato, sea registrada en el disco duro de nuestra memoria histórica.

¡Vale la pena recordar la vida de Mateo tal como fue!

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José «Cheo» Salazar
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El Tigre, agosto de 2025