Ronny Leonardo Padrón Pérez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- Bastante que se ha escrito sobre un sector de nuestra dirigencia demócrata que, en medio de esta guerra existencial contra el socialismo, – muy bien representado en el PSUV- mantiene lealtades hacia el bando enemigo, debido sobremanera a motivos económicos, sin descartar otros aún más deleznables.
Lo anterior viene a cuento en razón de la más reciente tratativa de esa quinta columna, operando ahora en contra del Presidente electo de la República de Venezuela, el Lic. Edmundo González Urrutia. Es el caso, que hasta hace pocos días cuando creíamos y con razón que el país nacional se mantenía enfocado gestionando el reconocimiento pleno del primer mandatario nacional, despertamos con la terrible noticia sobre una intervención non sancta por parte de un diputado suplente de la MUD que, valiéndose de una añeja amistad con el Presidente electo, no tuvo empacho en alinearse con el PSUV para mediante engaños y amenazas materializar su exilio.
Es un hecho, que la conducta políticamente depravada exhibida como nunca antes por el PSUV a partir del 28J, de acosos, persecuciones, secuestros e incluso asesinatos, solo ahora nos permiten comprender situaciones que hasta ayer resultaban poco menos que inexplicables.
Veamos. Fue necesario el accionar inhumano de este régimen de facto para que a partir del 11 de abril de 2002 la mayoritaria sociedad democrática venezolana observara atónita el como todos y cada uno de nuestros intentos en pro de la restauración constitucional terminaban irremediablemente en rotundos fracasos, sin importar su naturaleza jurídico-política. Así llegamos a atestiguar desde un desconocimiento popular al régimen de facto, pasando por un Paro Cívico Nacional, de seguidas el Referendo Revocatorio Presidencial, para luego dar paso a elecciones presidenciales varias, e incluso una Presidencia Encargada, siempre con igual resultado: éxitos para el PSUV aún con su sempiterno proceder chambón; sujeto indiscutible del reconocimiento internacional a falta de referentes confiables desde el bando demócrata. ¿Qué ocurría?
Es que teníamos una dirigencia que a partir de la estatización del negocio petrolero el 1ro de enero de 1976 apenas destacaba por su interés crematístico, y de cara a los anti valores del socialismo resultó deshecha cual castillo de arena. Sea mediante el acoso, sobornos, amenazas o chantajes, el régimen de facto siempre contaba con su falsa oposición carente de ética cristiana, siempre dispuesta a cooperar, he allí nuestra quinta columna. Así fue hasta la irrupción de esta nueva jefatura política en real capacidad y disposición para confrontar y vencer tanto a enemigos como a traidores, como lo demuestra el hecho de saber transformar en éxito político un exilio presidencial. El PSUV ya tiene su Stalingrado. Oración y trabajo.
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