Vie. Jul 31st, 2026

Por Ronny Leonardo Padrón Pérez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- Ello es así desde hace mucho tiempo, incluso durante los estertores de la partidocracia venezolana cuando ya era un hecho público notorio y comunicacional que la institución militar prevalida de su condición armada claudicó hasta constituirse en organización recargada de privilegios sin fundamento, considerando su paupérrimo aporte al desarrollo nacional, del todo agravado por esa subyacente y permanente amenaza contra el sistema político.

Es decir, se trataba de venezolanos de uniforme a los que había que pagarle muy bien, con dinero del patrimonio público para que respetaran lo que restaba del otrora régimen democrático de libertades. Lejos habían quedado los tiempos de lucha antisubversiva en la primera etapa de la República Civil, cuando las Fuerzas Armadas Nacionales neutralizaban de manera ejemplar a los grupos terroristas del socialismo internacional, financiados por la tiranía dominante en Cuba, entre otros enemigos de la libertad. Tiempos donde quedaba plenamente justificado tanto el orgullo de portar uniforme militar como la vanidad de un gentilicio sabedor de tan excelsa defensa.

Pasados los años resultó evidente que esa grave descomposición en la sociedad venezolana permeó a la institución armada en tal profundidad que de ella solo quedaron ¨harapos¨ frente a una política militar de seducción crematística aplicada sin pausa a partir del 2 de febrero de 1999.

Lo demás es historia reciente. En suelo patrio, no existe negocio ilícito de relevancia donde no haya la presunción razonable de una participación militar en grado de complicidad e incluso de autoría. La ecuación es simple: el régimen de facto socialista genocida y narcoterrorista dominante en la República de Venezuela es pieza fundamental de una Internacional Colectivista que para sostenerse en el poder requiere de un brazo armado en real capacidad y disposición para neutralizar cualquier atisbo de resistencia sin importar su naturaleza. Evidentemente tal clase de servicios solo pueden garantizarse mediante una paga muy superior a la que cabría esperar para un ejército regular.

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Así las cosas, en vísperas de un evento electoral presidencial políticamente inédito, resulta pertinente alertar que cualquier cambio en el desempeño orgánico de la fuerza militar (hoy al servicio del PSUV) solo obedecerá a esa vocación de continuidad inherente a cualquier estructura delictiva de larga data; en nuestro caso, como nación cuya existencia política se encuentra seriamente amenazada, ese tipo de ¨epifanías¨ deben ser bienvenidas entendiendo que un ¨despertar patriota¨ en medio de la debacle solo merece atenuantes jurídicas para sus respectivos autores, en el marco de las investigaciones penales correspondientes para todos y cada uno de los miembros de esa fuerza militar enemiga, una vez restablecida la Constitución de la República de Venezuela del año 1961. Ello si pretendemos merecer un país civilizado conforme al orden jurídico. Oración y trabajo.
caballeropercivall@gmail.com