Por: Ronny Leonardo Padrón Pérez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— Recientes acontecimientos en Hispanoamérica lo certifican. Asolada por tiranías populistas, otras de corte colectivista e incluso engendros del socialismo-terrorista-traficante de drogas, sin dejar de lado atildados gobiernos de apariencia democrática ya colonizados por la delincuencia organizada; unos y otros el fiel reflejo de la diversidad regional, sin embargo, hermanados por una tara muy común: son regímenes políticos cuestionables cuya continuidad temporal está supremamente condicionada por el control sobre su fuerza militar y policial.
En consecuencia, Hispanoamérica debe proveerse a lo inmediato de instituciones militares y policiales bien sujetas a la constitucionalidad democrática, a contracorriente del protagonismo decimonónico castrense aún vigente, del todo impertinente, presagio de males mayores.
De poco vale una legitimidad política y menos aún el apoyo popular adornado del solo razonamiento escolástico cuando el gobierno constitucional adolece de una institución militar y policial garante de la seguridad democrática.
Pierden su tiempo aquellos que pretenden ¨rescatar¨ para la democracia a esos cuerpos militares y/o policiales hoy al servicio de grupos delictivos organizados: en ellos la marca de la traición es imborrable. Bien lo dijo el Libertador: «Yo sigo la gloriosa carrera de las armas sólo por obtener la gloria que ellas dan; por libertar a mi Patria y por merecer las bendiciones de los Pueblos». Oración y trabajo.
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