Por Ronny Leonardo Padrón Pérez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- ¨La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico, mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y con la ley…¨ Artículo 328, primer párrafo. Constitución de la República de Venezuela.
Lo anterior, simboliza la mayor amenaza a la permanencia del PSUV en el poder desde aquel 11 de abril. Veamos. Ocurre que en la actualidad ese sistema político tiene como único sostén precisamente a la fuerza militar, entidad que si bien es cierto se abrazó desde hace mucho al destino del opresor, no lo es menos su condición como grupo delictivo organizado conforme al derecho internacional público, y así lo entiende la comunidad democrática de naciones cuando mantiene a los principales líderes castrenses de Venezuela sometidos a graves sanciones económicas, sujetos incluso a recompensas pecuniarias muy onerosas a cambio de su captura.
En este escenario va cobrando sentido el reciente discurso, reiterado y muy bien estructurado, por parte del presidente electo Lic. Edmundo González Urrutia junto a la líder de la resistencia democrática venezolana la Ing. María Corina Machado Parisca, refiriéndose al tema de la juramentación presidencial constitucionalmente fijada para el 10 de los corrientes. El grado de convicción manifestado por ellos en tal sentido señala a las claras que ambos se aprestan a contar con la obediencia del sector militar ante tal coyuntura, todo a cambio de beneficios jurídicos y económicos reconocidos tanto por el ordenamiento criollo como por el de EUA, amparándose en figuras como la amnistía y la inmunidad penal, respectivamente; por ende no dudamos que le serian concedidos sin mayor dilación a través de sus respectivas autoridades legítimas, siempre a cambio de un pronunciamiento militar capaz de viabilizar la restauración del orden constitucional venezolano.
Solo en este contexto vamos comprendiendo situaciones como la clandestinidad que desde hace meses determina el accionar de la Ing. Machado en suelo patrio, ante la aparente ineficacia de los organismos de seguridad criollos. Todo esto viene a cuento en razón de la notoria inviabilidad del régimen de facto como fuerza política dominante una vez cumplida como fuere la mencionada juramentación presidencial, habida cuenta su vulnerabilidad endógena aunado a su carencia de apoyo internacional en grado suficiente como para compensar la enorme dependencia económica nacional ante los Estados Unidos de América, sobremanera en vísperas de un nuevo gobierno declaradamente contrario a la continuidad del PSUV. Oración y trabajo.
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