El sistema de libertades que definió a la República de las siete estrellas sigue siendo el único camino hacia una convivencia ciudadana digna y próspera
Por: Ronny Leonardo Padrón Pérez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— La democracia, como sistema de vida y gobierno, carece de equivalentes funcionales. Así lo comprenden aquellos venezolanos que, en mayor o menor medida, tuvieron el honor de vivir los cuarenta años de la República de Venezuela bajo su bandera de siete estrellas; un periodo excepcional de nuestra historia patria iniciada aquel 5 de julio de 1811. No se trató únicamente de una bonanza impulsada por la riqueza petrolera, ni de una posición estratégica en la geopolítica global; el asunto trasciende lo material. Hablamos de un régimen democrático de libertades y de un tejido social que hoy añoramos; un sistema que, aunque no tenemos la garantía absoluta de recuperar, nos ofrece la certeza de que vale la pena consagrar la vida al intento.
Para los ciudadanos de bien, este nivel de convicción colectiva adquirió una significación especial a partir de la necesaria intervención internacional a comienzos del presente año. Al rememorar nuestro proceso político, observamos una curva de aprendizaje dolorosa: si a partir del fatídico «viernes negro» la realidad nacional se tornó compleja —al punto de reelegir a quien prometía el regreso de la bonanza de otrora—, el panorama se oscureció definitivamente cuando se decidió sufragar por una propuesta que ofrecía derogar la carta magna de aquellos cuarenta años de estabilidad. Fue en ese preciso instante cuando el socialismo nos alcanzó.
Todo este devenir configura un proceso trepidante que nos obliga a valorar, en su justa dimensión, la pertinencia de un sistema político concebido por los griegos para enseñar el mejor modo de gobernar a los pueblos libres. La historia nos ha demostrado que la democracia no es un estado estático, sino un ejercicio continuo de responsabilidad ciudadana. Ante los desafíos que impone la reconstrucción nacional, la fórmula sigue siendo la misma que ha sostenido a las grandes civilizaciones: oración y trabajo.
Democracia Cristiana Hoy
caballeropercivall@gmail.com

