El drama de «Lalita» es el espejo de una Cumaná que cumple 16 días sin agua, entre la ineficiencia oficial, el colapso del Turimiquire y la indolencia que castiga a la primogénita del continente
Por Alberto García Sánchez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— Ayer visité Cumaná para reencontrarme con Lalita, mi amiga de hace muchos años, quien se ha ganado el sustento familiar vendiendo empanadas y bollitos. A Lalita parece perseguirla la mala suerte; ella misma relata, entre el dolor y el abandono, cómo su marido, Moncho, dejó el nido hace meses tras enamorarse de otra mujer. «Moncho es un desgraciado y no me preguntes por esa vaina», expresó con las palabras soeces propias del lenguaje coloquial del cumanés. Sus dos hijos, por su parte, se perdieron en la distancia y parecen haber olvidado su existencia. Al verla, casi no la reconozco: está flaquita y ojerosa.
—¿Qué te pasa, mujer, que luces tan delgada? —pregunté con una media sonrisa, intentando romper el hielo y conocer sus desventuras.
Ella inhaló una bocanada de su cigarrillo y espetó «palabrotas» al mejor estilo de una cumanesa indignada. «A este pueblo se lo llevó el demonio. Aquí estamos pelando… sin agua y, para más colmo, con apagones que se prolongan por horas», sentenció. Entre el humo de su cigarrillo traído de Margarita, comentaba que si el poeta Andrés Eloy Blanco estuviera vivo, encontraría en esta tragedia materia prima para su prosa, denunciando la calamidad de los servicios públicos y la ineficiencia de las gestiones oficialistas.
»¿Sabes una vaina?», dijo con displicencia, «esos chavistas estaban informados del posible derrumbe en el Turimiquire que afectó al túnel de trasvase y no hicieron nada». Ahora, el pueblo sufre estoicamente las penas de tener 16 días sin agua, con epidemias brotando en los barrios y un río Manzanares convertido en un vertedero de desechos orgánicos, porque la gente corre a sus orillas para hacer sus necesidades ante la falta de flujo en las tuberías.
Por razones de tiempo tuve que marcharme para retornar a Puerto La Cruz, dejando a Lalita con sus preocupaciones y la lengua seca por la ausencia del vital líquido. Es doloroso pensar que esta es la realidad de Cumaná, la primogénita del continente americano.
Albert

