Democracia y desarrollo Vs ideología izquierdista y estancamiento económico
Por Ronny Leonardo Padrón Pérez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- Mucho se habla de la formidable exigencia académica que caracteriza a un puñado de carreras universitarias a nivel mundial, a saber: medicina, ingeniería, arquitectura, matemática, física, química, por solo mencionar las más publicitadas. Así entonces los que pretenden titularse en tales ramas del saber comprenden muy bien la demanda intelectual a la que se verán sometidos, todo a cambio de un horizonte profesional comúnmente prometedor. Nada nuevo bajo el sol.
Pero tenemos el caso de una ciencia fáctica, denostada precisamente en cuanto al ejercicio pleno de sus conceptos, muy a pesar de una considerable relevancia social inherente a su propia naturaleza. Nos referimos a la ciencia política, cuyos estudios de muy reciente data en nada le hacen justicia a la vetustez de su importancia dentro del seno de la sociedad humana y quizá debido a su particular cotidianidad se ha dejado de lado la complejidad de su praxis. Veamos.
Se trata de un acercamiento a esa extraordinaria demanda personal impuesta a quienes más allá del cabal cumplimiento de la sola carga académica deciden emplearse a fondo por alcanzar un cargo de elección popular, otro de los destinos más apetecidos por quienes se inclinan hacia el ejercicio político.
Resulta paradójico que sean tan pocos los llamados politólogos destacados en el ejercicio de esa ciencia, algo que perfila de entrada la complejidad de la cuestión. Porque ya deriva en axioma que el camino hacia el éxito en la política necesita la concurrencia de cualidades y circunstancias per se tan extraordinarias que incluso su positiva concreción llega a calificarse en prodigio.
No es para menos si entendemos que un aspirante electoral requiere cuando menos de tres clases de solvencia: intelectual, ética y económica, aunado al indispensable don gratuito de Dios, llamado carisma, también conocido como encanto, magnetismo, ángel, etc. Podría pensarse que nos referimos a súper humanos, los llamados a un ejercicio exitoso de la política vista su complejidad, pero nada más lejos de la realidad. La praxis política nos demuestra que bastará con algunas ¨dosis¨ entre tales condiciones para hacer viable un ascenso legítimo al poder político mediante elecciones; pero incluso tales porciones son harto difíciles de alcanzar cuando estimamos además la ocurrencia de esos llamados imponderables, – para omitir la palabra suerte -.
Hasta el lector más desprevenido ya habrá caído en cuenta del superlativo grado de dificultad impuesto a un candidato electoral, y más aún sobre el porqué de tantos fracasos en la gestión gubernativa, dentro de un sistema democrático de libertades. En el marco de las tiranías los requisitos son otros. Oración y trabajo.
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