Ronny Leonardo Padrón Pérez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.- Entre los tantos aciertos de aquellos ilustres precursores de esta democracia republicana destaca esa convicción respecto a la naturaleza humana y su característica imperfección, muy lejos de esas lucubraciones teórico políticas que, al estimarle cuasi seráfico no hacían más que evidenciar sus ya inocultables miserias, para mayor desgracia de la sociedad.
De entre esas taras destaca la avaricia, que aparejada con la codicia sigue siendo pecado capital. Ese afán desmedido de poseer y adquirir riquezas a objeto de atesorar, bien lo definió el DRAE, constituyó razón y fundamento para dividir al Estado Nacional entre órganos públicos distintos, conexos pero independientes, destinados a regularse entre sí, modo práctico y elegante de reconocer en el mismo ser humano al peor de sus enemigos. Genialidad, que Locke y Montesquieu aún se disputan.
A partir de allí el mundo libre no escatima esfuerzos para hacer del gobernante un servidor, bajo las directrices de una sociedad electora, en lugar del sempiterno expoliador. El resultado de esa apuesta sigue siendo halagador, cada día es mayor la creencia en la igualdad legal como necesidad social. Van dos siglos de hegemonía democrática mundial, todavía minoría cuantitativa, sin embargo, es tendencia en crecimiento imposible de refutar. «La Justicia es la reina de las virtudes republicanas y con ella se sostienen la igualdad y la libertad”. El Libertador. (Discurso en Bogotá,13 de enero 1815). Oración y trabajo.
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