Sáb. Ago 8th, 2026

Por Ronny Leonardo Padrón Pérez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA. — Acción y efecto de tutelar: término que remite al ejercicio de la tutela, entendida como guarda, custodia, protección, amparo y defensa, además de asociarse a la dirección, el cuidado y la orientación, según lo precisa el Diccionario de la Lengua Española. La precisión conceptual no es fortuita; responde a la necesidad de señalar cómo, más allá de la riqueza gramatical de nuestro idioma, persiste un velado interés por ataviar con eufemismos la crudeza de una humillación nacional que ya resulta pública, notoria y comunicacional.

​Aquel esfuerzo cosmético está lejos de ser inocuo. Ni siquiera la primera potencia mundial puede exhibir de forma desnuda la hegemonía que ejerce sobre la República Bolivariana de Venezuela, en virtud de los principios del régimen democrático y de libertades que fundamentan su propio sistema político. Para la Venezuela democrática resta, al menos, el atenuante de haber demandado y obtenido dicha intervención frente a la alternativa de una hegemonía encabezada por la Federación de Rusia o la República Popular China.

​A mediano plazo, la única garantía para el restablecimiento pleno del orden constitucional bajo este esquema de tutelaje radica en la presión ejercida por los contrapesos institucionales del país norteamericano, en particular su Congreso y su opinión pública. De no ser por la efectividad de tales contrapesos, la denominada «Fase III: Transición Política» se prolongaría con frecuencia muy superior al impreciso lapso de «meses» proyectado recientemente por su Departamento de Estado.

​La configuración de la mesa de diálogo recientemente anunciada corrobora este escenario: por un lado, diez representantes del régimen socialista cuya principal baza estriba en su capacidad de desestabilización a través del aparato militar y policial; por el otro, diez exdiputados de la Asamblea Nacional de 2015 caracterizados por su pragmatismo de supervivencia, convocados por la potencia tutelar al margen de un compromiso auténtico con la causa democrática.

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​Entretanto, la conducción política del movimiento democrático venezolano —legitimada en la elección primaria de 2023 y ratificada por la voluntad popular el 28 de julio de 2024— avanza consciente del respaldo ciudadano que la sustenta, orientada hacia el cumplimiento definitivo del mandato de liberación nacional. Como sentenció Pablo Neruda: «Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera». Oración y trabajo.

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