Vie. Jul 31st, 2026

Por Asunción Mota

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- El 4 de febrero del año 1992, el comandante Hugo Rafael Chávez Frías, emergió como un gigante, desde sus más duras experiencia que escupieron su personalidad arrolladora cargadas de sueños, amor y pasión por los más desposeídos.

Esa rebelión militar del 4 de febrero, fue el colirio que necesitábamos los venezolanos y las venezolanas para ver y descubrir que no éramos un país, que a pesar de tener una Constitución, una bandera, un escudo y un himno nacional solo éramos una mina, conectada, primero a los intereses históricos del imperio europeo y después a los intereses históricos del imperio estadounidense.

Fue gracias a nuestro comandante Chávez, que sino hubiese sido por él, todavía anduvieramos en la oscuridad creyendo que el capitalismo era el orden natural de las cosas, el capitalismo no genera porvenir y por eso marcha inexorablemente hacia el abismo, pero sí el socialismo, el crea las premisas reales necesarias para el sucesivo desarrollo integral de los pueblos organizados.

Y el por ahora histórico, de nuestro comandante Chávez, fue el centellaso que iluminó y abrió los caminos hacia el futuro radiante del pueblo venezolano.

Fue ese 4 de febrero cuando los venezolanos y las venezolanas comenzamos a escribir de nuevo las páginas de la historia de nuestra querida República Bolivariana de Venezuela.

Y hoy Venezuela, se encuentra ante nuevas realidades y perceptivas, que nos exigen nuevos paradigmas, que nos exigen hacernos nuevos planteamientos afín de conformar un modelo socialista, como diría José Carlos Mariátegui, un modelo socialista autóctonos creación heroica o mejor dicho, desarrollar un proyecto ideológico socialista adecuado a las características propias de Venezuela, basado en los principios de los valores éticos, Moral y espiritual, que nos permita refundar la patria soñada, en lo político, social, económico, cultural, científico y tecnológico.

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