«No admitir como verdad nada que no sea evidente».
— Aristóteles (384 a. C. – 322 a. C.)
Los hechos son tercos, incontrovertibles e imposibles de ocultar
Por: José «Cheo» Salazar
X: @Cheotigre
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA. — El 3 de enero de 2026 fuimos testigos de la mayor agresión registrada en nuestra historia contemporánea. Apenas unos meses después, el 29 de agosto de 2026, se suscribe el mayor acuerdo petrolero que se recuerde; paradójicamente, presentado tanto por el agredido como por el agresor como la «salvación» definitiva para ambas naciones.
En este escenario, los conmovedores gestos de comprensión, solidaridad y efusivo afecto exhibidos por la administración interina no encuentran parangón ni precedente histórico alguno. Mientras tanto, el poder agresor mantiene inalterable su postura de brutalidad y avasallamiento. Esa es la cruda e innegable realidad.
No cabe el menor margen de duda: un viraje de semejante magnitud solo ha sido posible gracias al devenir de la revolución chavista, madurista, delcinista, rodriguista, cabellista y ferozmente antiimperialista. Es la verdad al desnudo. Formidables y estupendos resultados los que hoy contemplamos.
Lo evidente resplandece por sí solo y está a la vista de todos. A menos, claro está, que de forma deliberada nos neguemos a ver.
sjose307@gmail.com | 0414-3838097 | El Tigre, septiembre de 2026


