Jue. Jul 9th, 2026

Al conmemorarse casi tres décadas de la tragedia de 1997, el exalcalde de Cariaco, Miguel Vásquez, advierte que el riesgo en el país es permanente y no cíclico, exigiendo el fortalecimiento tecnológico de los cuerpos de rescate y la unión nacional frente a las adversidades naturales

Con información de Nota de Prensa

Regiones / Sucre

LA NUEVA ANTORCHA. — Este 9 de julio se cumplen 29 años del devastador terremoto de Cariaco de 1997, una fecha que transformó la historia sísmica de Venezuela y que hoy, en el contexto de las recientes emergencias que han afectado a diversas regiones del país, recobra una vigencia crucial. El riesgo de que la tierra vuelva a temblar en las zonas donde existen fallas geológicas activas e identificadas es una realidad latente. Por ello, especialistas y figuras de la gestión pública recuerdan que la amenaza sísmica debe asumirse como un factor permanente y no como un fenómeno cíclico que se pueda predecir o postergar.

​Ante esta realidad implacable, se hace indispensable que la sociedad venezolana aprenda a convivir y a avanzar en medio de este constante acecho de la naturaleza. En este sentido, Miguel Vásquez, quien asumió la alcaldía del municipio Ribero (Cariaco) durante la tragedia de 1997, ha enfatizado la necesidad perentoria de que la cultura y la educación preventiva dejen de ser iniciativas aisladas y pasen a impartirse con carácter de estricta obligatoriedad. Es un compromiso compartido donde tanto el Estado en su conjunto como cada ciudadano en particular deben asumir la responsabilidad de saber cómo actuar frente a este riesgo de por vida.

​A lo largo de la historia civil de la nación, las grandes crisis han puesto a prueba la resiliencia ciudadana, dejando en evidencia que la solidaridad espontánea y militante de los compatriotas —tanto a escala nacional como en el exterior— es un recurso invaluable. Existen innumerables testimonios e historias vivas de desprendimiento y heroísmo en las labores de socorro y salvamento que merecen ser escritas. Sin embargo, para que ese ímpetu voluntario sea verdaderamente eficiente, se requiere con urgencia robustecer el sistema de atención con equipamiento de última tecnología y programas de capacitación continua para los rescatistas locales y nacionales.

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​El historial sísmico venezolano, que abarca desde los históricos sismos de Caracas en 1900 y 1967, el de Cumaná en 1929, Cariaco en 1997, hasta la reciente contingencia que impactó con fuerza a los estados de la franja central y costera el pasado mes de junio de 2026, demuestra que el país posee la capacidad institucional y moral para levantarse de las peores tragedias. No obstante, las exautoridades lamentan que en momentos de profundo dolor colectivo suelan emerger conductas oportunistas de sectores políticos sin formación humanista ni ciudadana, cuyo único fin es obtener rédito particular en medio de la crisis.

​Frente a estas prácticas nocivas, la clave para reducir la vulnerabilidad de la población radica en el fortalecimiento científico y técnico. Solo un sistema de Protección Civil firmemente estructurado, dotado de herramientas de vanguardia y apoyado en una ciudadanía educada preventivamente, garantizará una disminución sustancial en la pérdida de vidas humanas. Asimismo, una respuesta profesional permitirá acelerar de forma segura los procesos de recuperación psicológica de las víctimas y optimizar la reconstrucción de las viviendas, la infraestructura y los servicios básicos afectados.

​Finalmente, el llamado unánime de los analistas de riesgo y de quienes gestionaron las crisis del pasado apunta hacia una «Unión Nacional permanente para salir adelante». La memoria histórica de Cariaco no debe ser únicamente un recordatorio del dolor, sino un faro que guíe la planificación urbana y la legislación de seguridad nacional, entendiendo que la preparación de hoy es la única garantía de supervivencia y seguridad para el mañana.