Por: Omar González Moreno / https://lanuevaantorcha.com
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA — El 2026 ha comenzado con un terremoto geopolítico de magnitudes definitivas. Donald Trump ha decidido sepultar la diplomacia tibia para ejecutar la demolición total del andamiaje criminal que, por décadas, sostuvo a los tiranos del planeta. Ya no hay espacio para medias tintas; la fase de «destrucción creativa» del orden dictatorial global está en pleno apogeo.
El primer hito de esta era fue la caída del narco-tirano Nicolás Maduro, capturado en una operación quirúrgica que extirpó de raíz a uno de los regímenes más corruptos del hemisferio. A esto le siguió el golpe al corazón del narcotráfico continental con la aprehensión de alias “El Mencho”, desmantelando el símbolo de una estructura de muerte que envenenó a naciones enteras.
Sin embargo, el golpe de gracia se ha dado en el Medio Oriente. La ofensiva de Washington ha neutralizado al régimen extremista de Irán. El propio Donald Trump ha confirmado que la guerra contra el fundamentalismo persa está prácticamente terminada: el régimen ya no cuenta con telecomunicaciones, ha perdido su marina y su aviación ha sido borrada del mapa. Es, en palabras claras, el desmantelamiento operativo de una amenaza global.
Con la salida de circulación del llamado “Líder Supremo”, Ali Khamenei, y de piezas clave como Ali Shamkhani, Mohammad Pakpour, Abdolrahim Mousavi y Aziz Nasirzadeh, la cúpula de la Guardia Revolucionaria ha colapsado. El mensaje de la Casa Blanca es demoledor: los «intocables» han dejado de serlo.
Mientras las piezas caen como fichas de dominó, el pánico se propaga. En La Habana, Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro ven cómo se agota el tiempo de las dictaduras hereditarias. En Managua, Daniel Ortega y su círculo observan el tablero con terror; saben que la cuenta regresiva es irreversible. El silencio de Rusia y la cautela de China confirman que los aliados tradicionales del chavismo están en retirada o debilitados. El eje del mal se resquebraja sin posibilidad de retorno.
Este escenario tiene un impacto sísmico en Venezuela. Los socios estratégicos, financistas y operadores oscuros que antes se movían con impunidad, hoy solo revisan rutas de escape. El miedo ha cambiado de bando. Por ello, figuras de «la interina» y su entorno adoptan ahora un tono dócil ante Washington; no es convicción democrática, es puro instinto de supervivencia ante la desfiguración total del sistema que los cobijó.
La transición en Venezuela no puede ser cosmética ni administrada por cómplices del saqueo. El mundo ha entrado en una fase donde los tiranos ya no negocian desde la impunidad eterna. El tablero se reconfigura y nuestra nación tiene la oportunidad histórica de ocupar un lugar protagónico bajo el liderazgo firme y coherente de María Corina Machado.
La era de los castillos de arena terminó. Los naipes están cayendo y, esta vez, no habrá reconstrucción ni amnistía para los verdugos. El eje del mal ha llegado a su fin.
Sin más que agregar, nos leemos la próxima semana.

