Por Juan Velásquez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— »Un mal pie» es no haber seguido el modelo de desarrollo de países con sistemas híbridos exitosos, tales como Noruega, Dinamarca, Suecia, China o Vietnam.
El «mal pie» comenzó con esa gran mentira que llamaron «Revolución», de la mano de un militar que empuñó las armas en contra de quienes juraron defender la Patria con la vida. Esa estructura se entregó a un dictador, Fidel Castro, quien por casi 70 años ha sometido —y sigue matando de hambre— a un pueblo que fue, en su momento, la isla más desarrollada del Caribe: Cuba.
Un «mal pie» fue haber elegido a un psicópata con ansias de poder que acabó con los sueños del hombre más grande de América; aquel que libertó cinco naciones y no cedió ante el imperio español en la tierra fértil del sur del continente: Simón Bolívar.
Un «mal pie» fue destruir el aparato productivo nacional: CVG Ferrominera, Sidor, Alcasa. Abandonaron los llanos y a sus productores, a quienes les expropiaron sus tierras. El ejemplo más doloroso es Franklin Brito, quien el 30 de agosto de 2010 murió aferrado a su propiedad, defendiendo su dignidad.
»Mal pie» fue permitir que potencias enemigas de la libertad y de la independencia de los pueblos sean las que decidan hoy el destino de nuestra patria.
Estamos mal, pero vamos por el camino de la recuperación. Hemos rescatado parcialmente la soberanía; ahora nos toca recuperar la democracia. El camino es claro: elecciones libres para la Presidencia de la República y la convocatoria a una Constituyente que adecue el Estado a un sistema bicameral. Es momento de estar Centrados en la Gente.

