Por Alberto García Sánchez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— Mi gran amigo Jesús Zambrano, del Club de Leones de Pozuelos, volvió a visitarme hoy en mi casa, aquí en Barcelona, y me trajo dos hermosos obsequios: productos frescos cosechados en el patio de su vivienda. ¡Un gesto que le agradezco de todo corazón!
Compartimos una conversación de aproximadamente veinte minutos sobre diversos temas, centrándonos en la admirable obra social que el Club de Leones de Pozuelos realiza permanentemente en diversos sectores de la comunidad.
Al despedirse, Jesús se dirigió al sector El Libertador de Pozuelos, donde él y otros Leones y Leonas habían programado para el mediodía de hoy un significativo gesto de atención para unos cuarenta niños.
Jesús y su amada esposa, Eneida, son dos seres humanos extraordinarios con un corazón inmenso. Su dedicación es permanente: siempre se las ingenian para ayudar a los más necesitados, «con lo que se pueda». Es ese espíritu de servicio a la gente y a sus comunidades lo que les produce una infinita felicidad a ambos.
Esa noble misión —el servicio desinteresado— es algo que nos identifica humildemente a los tres, y por esa razón sentimos un grandísimo orgullo mutuo.
¡Muchas gracias, Jesús! ¡Muchas gracias, Eneida!
Estoy muy orgulloso de esta maravillosa amistad que hemos cultivado durante más de medio siglo.
¡Fuerte abrazo!

