Por Alberto García Sánchez
Opinión
LA NUEVA ANTORCHA.— La pureza del agua del río Neverí es el alma de su creación, un latido vital que fluye desde las alturas de Barcelona, capital de estadoAnzoátegui.
Las aguas cristalinas del Neverí brotan como un regalo esencial desde el imponente Macizo Turimiquire, en la cuenca alta de esta serranía venezolana, a unos 2.200 metros sobre el nivel del mar. Pocos han tenido el privilegio de contemplar su génesis: estas aguas prístinas nacen en las estribaciones del Cerro Tristeza, dentro de la Serranía de Turimiquire, en jurisdicción del estado Sucre, descendiendo con la fuerza serena de la montaña. Así forjan una cuenca de casi 3.000 \, \text{km}^2 que es cuna de vida y sustento.
Sigue viva en mi memoria la imagen de aquellas visitas realizadas a principios de la década de los ochenta. En compañía del ingeniero Gleen Sardi Brand, Director General del desaparecido INOS en la Región Nor Oriental, y de los ingenieros Carlos Lanz (Director de Inspección de Obras) y Jesús Pompa (Director de Programas del estado Sucre), junto a altos funcionarios del nivel central, iniciamos la primera fase del proyecto de construcción de la presa Turimiquire, que hoy abastece a importantes entidades del oriente del país.
Es en esta cuenca donde nace el Neverí, un río que es como el latido de la tierra, cuyas aguas, filtradas por rocas ancestrales, nos recuerdan que la pureza del agua es el alma de la creación, un elixir que une el cielo con el valle.
Este vital cuerpo de agua es el principal recurso hídrico para la zona metropolitana de Anzoátegui, proveyendo de agua potable a ciudades como Barcelona, Puerto La Cruz, Lechería y Guanta, además de sostener industrias claves, incluido el Complejo Criogénico Gral. José Antonio Anzoátegui. Sus aguas puras sustentan no solo cuerpos, sino sueños colectivos; sin ellas, la región oriental de Venezuela sería un desierto de promesas secas. El Neverí es un himno a la gratitud por este flujo generoso que nutre hogares e industrias.
Un Clamor por la Vida
Lamentablemente, esta pureza es asediada. Sus aguas son contaminadas por la descarga de más de 40 industrias y miles de viviendas construidas de manera desordenada en sus márgenes, lo que provoca la alarmante pérdida de su fauna.
No obstante, observar el río Neverí desde cualquier punto es un acto de belleza que inspira, regalando una de esas poesías que nacen del alma:
¡Oh, aguas del Neverí, venidas de lo alto del Turimiquire, guardianas de la vida! En un mundo de turbidez y olvido —donde la deforestación y la contaminación acechan—, vuestra pureza clama por protección, inspirando un amor profundo por la naturaleza que nos cobija.
Desplazar la mirada a sus aguas invita a filosofar y celebrar la interconexión: gota a gota, tejen el tapiz de la existencia humana en estas tierras.
Nuestro exhorto urgente es para que las autoridades municipales, regionales y nacionales vuelvan su mirada a estas aguas y diseñen políticas públicas firmes en defensa de las especies que se han ido extinguiendo.
Albert
29/11/25

