El mandatario estadounidense destaca la ineficacia de la tecnología militar suministrada por Moscú durante la captura de Nicolás Maduro en Caracas, en un contexto caracterizado por la reconfiguración de la seguridad regional, el fortalecimiento de las bases continentales de EE. UU. y el declive del bloque populista radical en la región
Por William Miquilena CNP 9192
Internacionales
LA NUEVA ANTORCHA. — El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, volvió a referirse públicamente a la intervención militar del pasado 3 de enero de 2026 en la que fuerzas especiales estadounidenses capturaron al dictador Nicolás Maduro en Caracas. Durante una rueda de prensa improvisada a bordo del Air Force One mientras se desplazaba hacia el estado de Míchigan, el mandatario ironizó sobre la incapacidad de los sistemas de defensa aérea y la tecnología de guerra suministrados por Moscú para detectar o neutralizar la incursión norteamericana. «Los rusos le dieron a Venezuela mucho equipo. Venezuela tenía todo equipo ruso, ¿cómo les funcionó? No muy bien», sentenció el jefe de Estado al desacreditar la efectividad militar del material estratégico proveniente de los aliados del antiguo régimen.
Las afirmaciones del mandatario se dan a la luz del éxito táctico de la Operación Resolución Absoluta (Operation Absolute Resolve), el operativo relámpago desplegado a comienzos de año que desarticuló la cúpula del régimen venezolano en cuestión de horas. A pesar de los multimillonarios contratos suscritos por Caracas con corporaciones estatales rusas para dotar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana de radares, cazas Sukhoi y sistemas de misiles antiaéreos Igla-S y S-300, las defensas locales colapsaron por completo ante el avance tecnológico y operativo de Washington, lo que demostró la fragilidad estructural de la arquitectura defensiva armada por el chavismo con apoyo extranjero.
El acontecimiento ha catalizado un drástico cambio de época en las relaciones interamericanas, acelerando la implosión del eje autocrático regional. Durante más de dos décadas, los gobiernos englobados en el modelo de la izquierda radical y el denominado «Socialismo del Siglo XXI» —encabezados por los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua— promovieron modelos económicos colectivistas que derivaron en corrupción sistemática, hiperinflación, saqueo de los fondos públicos y el éxodo masivo de millones de ciudadanos. La neutralización de Maduro ha debilitado sustancialmente el soporte logístico y financiero que oxigenaba a las dictaduras de La Habana y Managua, sumiéndolas en un aislamiento diplomático sin precedentes.
En este nuevo panorama geoestratégico, la administración estadounidense ha comenzado a consolidar un esquema renovado de seguridad continental mediante el reacondicionamiento y la eventual instalación de bases de apoyo logístico y de inteligencia en puntos clave de Hemisferio Occidental. La presencia de instalaciones militares norteamericanas busca neutralizar la infiltración de redes de crimen organizado transnacional, cortar el tráfico de estupefacientes en las rutas del Caribe y el Pacífico, y asegurar el libre tránsito marítimo, proyectando un disuasivo directo contra cualquier intento de desestabilización en la zona.
Finalmente, el revés del equipamiento bélico en suelo venezolano envía un mensaje contundente sobre los límites de la influencia ejercida por potencias como Rusia y China en América Latina. El colapso del modelo autoritario en Caracas no solo reordena el balance de poder en la región a favor de la democracia, la libertad de mercado y el Estado de derecho, sino que también expone las falencias operativas del material de defensa suministrado por bloques antagónicos a Washington, marcando el inicio de una era centrada en la alineación estratégica con las potencias occidentales.

