Al cumplirse una semana del devastador doblete sísmico que sacudió al norte del país, los equipos de socorro mantienen un despliegue contrarreloj en La Guaira y Caracas, mientras las réplicas continúan complicando las labores en las zonas de desastre
Por William Miquilena CNP 9192
Sucesos
LA NUEVA ANTORCHA. — La crisis humanitaria en Venezuela entra en su fase más crítica al cumplirse el séptimo día del devastador doblete sísmico de magnitudes 7,2 y 7,5 que golpeó el norte del país el pasado miércoles 24 de junio. Los equipos de rescate nacionales e internacionales, apoyados por brigadas de voluntarios, libran una batalla desesperada contra el tiempo entre las toneladas de concreto de los edificios colapsados. La incesante actividad telúrica, que ya suma más de 430 réplicas en la última semana, mantiene en vilo a la población y obliga a extremar las medidas de seguridad en cada remoción de escombros.
El último balance oficial presentado por las autoridades confirma la magnitud de una de las peores tragedias naturales en la historia moderna de la nación, fijando el número de víctimas mortales en 1.719 personas. Sin embargo, la mayor angustia se concentra en las listas de desaparecidos, que de acuerdo con estimaciones consulares y de organizaciones de socorro ya superan los 150 ciudadanos de múltiples nacionalidades, cuyos parientes aguardan noticias a las afueras de los perímetros de seguridad resguardados por los cuerpos policiales.
Por su parte, los centros de salud de la Gran Caracas y del estado La Guaira —este último declarado formalmente en estado de desastre natural— operan a su máxima capacidad tras haber atendido a más de 3.150 heridos con lesiones de diversa gravedad. Los insumos médicos y quirúrgicos escasean debido al colapso de las vías de comunicación terrestres y a los daños estructurales sufridos en la red hospitalaria pública. Ante esta situación, gremios médicos y organizaciones no gubernamentales han redoblado sus solicitudes de corredores sanitarios prioritarios para canalizar plasma, antibióticos y material traumatológico.
La devastación material ha dejado también una profunda huella social con el registro de 12.721 familias damnificadas, muchas de las cuales pernoctan en refugios improvisados, campamentos solidarios o directamente a la intemperie por temor a nuevos derrumbes. Las autoridades regionales de Chacao, Altamira y Los Palos Grandes en el Distrito Capital han implementado un riguroso sistema de semáforos estructurales para evaluar la habitabilidad de las edificaciones de mediana y gran altura, restringiendo el acceso a decenas de estructuras residenciales que muestran fallas de gravedad tras los sismos.
A pesar de que la ventana crítica de las primeras 72 horas ya expiró, el hallazgo reciente de personas con vida bajo las estructuras colapsadas inyecta una dosis de esperanza a los rescatistas en el terreno. La movilización ciudadana y los esfuerzos logísticos de la sociedad civil organizada se mantienen desplegados para la recolección de agua potable, alimentos no perecederos y sábanas destinados a los sobrevivientes, en una jornada donde la prioridad nacional absoluta sigue siendo salvar vidas y localizar a quienes permanecen atrapados en la oscuridad de los escombros.

