Lun. Sep 14th, 2026

Por Alberto García Sánchez

Opinión

LA NUEVA ANTORCHA.- Ramón Lares, fotógrafo y periodista de alma sensible y corazón solidario, nació en Caracas, la ciudad de los techos rojos, donde las montañas y el cielo se funden en un abrazo perpetuo. Desde temprana edad, su vida estuvo marcada por el vaivén de una cámara y el espíritu itinerante heredado de su padre, quien, como fotógrafo del ejército venezolano, lo llevó a recorrer los paisajes divertidos de Venezuela. Juntos emprendieron un periplo que los llevó primero a las tierras frías de Mérida, luego a las llanuras vibrantes de Maturín, estado Monagas, y finalmente a Anzoátegui, tierra de contrastes donde Ramón echó raíces al formar una bella familia.

En este rincón oriental, consolidó su vida personal, celebró el amor en matrimonio y se convirtió en padre de tres hijas, a quienes ha guiado con la misma pasión y dedicación que imprime en su trabajo.

Su carrera como reportero gráfico lo llevó a destacarse en medios impresos, donde sus imágenes —siempre cargadas de profundidad y narrativa— trascendieron el simple registro visual para convertirse en relatos que, como reza el adagio, «reflejaban mil palabras». Su lente capturó desde la cotidianidad humilde hasta los momentos históricos, siempre con un enfoque humano que delataba su empatía y mirada artística.

Ramón no solo ha sido testigo de la realidad, sino también un formador de nuevas generaciones. Como docente en la Universidad Santa María, Núcleo de Oriente, compartió su conocimiento con alumnos ávidos, enseñándoles que el arte de la fotografía no está en la cámara, sino en *»saber encontrar el ángulo apropiado de la imagen» esa síntesis entre técnica, sensibilidad y verdad.

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Hoy, adaptándose a los tiempos modernos, Ramón impulsa un emprendimiento en tecnología digital, combinando su experiencia visual con innovación para asegurar el *bastimento* de su hogar. Como buen proveedor, honra el legado de responsabilidad y trabajo que, según sus propias palabras, «el Libro de Las Sapiencias» enaltece. Su vida es un testimonio de resiliencia, creatividad y amor por contar historias, ya sea a través de un obturador, un aula o un proyecto innovador.

Ramón Lares sigue siendo, en esencia, un narrador de lo invisible, un hombre que transforma luz en memoria y esfuerzo en legado.

Albert, compartiendo con mi amigo Ramón Lares en la Plaza Miranda, en Barcelona, y como testigo mudo el Generalísimo Francisco de Miranda.