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Curaçao, Aruba y Bonaire han aparecido repetidamente en los planes de regreso de la Nobel por su proximidad a Venezuela. En junio un avión tuvo que dar media vuelta; esta semana otros dos ni siquiera pudieron despegar de Panamá

LA NUEVA ANTORCHA. — De los siete intentos que María Corina Machado ha hecho para regresar a Venezuela, cuatro han tenido algo en común: se ha considerado transitar por Curaçao, Aruba o Bonaire para luego ir por mar a su país, bajo decisión propia.

Las tres islas neerlandesas, a escasos kilómetros de la costa venezolana, son una escala casi natural para cualquier operación que pretenda acercarla al país sin pasar directamente por un aeropuerto controlado por el régimen de Delcy Rodríguez.

Pero esa puerta se ha ido cerrando a cada paso. La primera vez, el pasado junio, Machado llegó a despegar de Estados Unidos rumbo a Curaçao y el avión tuvo que dar media vuelta. En los últimos intentos, esta semana desde Panamá, ni siquiera llegó a salir. Sin autorización para aterrizar en las islas, los vuelos no podían despegar.

Fuentes neerlandesas atribuyeron el episodio de junio a una confusión, pero lo sucedido entonces está bastante bien reconstruido. Machado preparaba su regreso aprovechando la emergencia provocada por los terremotos que acababan de golpear Venezuela. El plan era volar desde Virginia hasta Curaçao y continuar desde allí hacia su país. En un primer momento, los neerlandeses aceptaron colaborar.

El subsecretario de Estado norteamericano Chris Landau habló con la embajadora de Países Bajos en Washington, Birgitta Tazelaar, y le transmitió que el viaje contaba con el respaldo de Marco Rubio. La autorización salió adelante y Machado emprendió el vuelo.

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Después ocurrió algo peculiar. Tazelaar hizo una segunda consulta en el Departamento de Estado, esta vez con otro funcionario, Mike Kozak, y recibió un mensaje diferente: Washington no estaba por facilitar el regreso de Machado a Venezuela. La embajadora retiró entonces su cooperación. Para entonces Machado ya estaba en el aire. El avión dio media vuelta y regresó a Estados Unidos.

La explicación posterior fue que había habido mensajes contradictorios dentro de la propia Administración Trump. El resultado, en cualquier caso, fue inequívoco: Machado no llegó a Curaçao.

Tres meses después ha vuelto a suceder. Cuando el plan marítimo preparado desde Panamá se frustró esta semana, el equipo de Machado buscó inmediatamente una alternativa por aire. La primera opción fue Curaçao. Se preparó un vuelo privado y se hicieron los trámites necesarios, pero el permiso de aterrizaje no llegó. Se buscó otro aparato y se volvió a intentar.

Después se exploraron Aruba y Bonaire. Se optó por la primera. El resultado fue el mismo. Sin la aceptación del destino, Panamá no podía autorizar la salida del vuelo. Machado volvió a quedarse en tierra.

La sucesión de negativas plantea ahora una cuestión que va más allá de un permiso de aterrizaje. Aruba y Curaçao tienen Gobiernos propios y una amplia autonomía interna. Bonaire tiene un vínculo todavía más directo con Países Bajos: es un municipio especial neerlandés. Pero ninguna de las tres islas es un Estado soberano. Aruba y Curaçao son países constituyentes del Reino de los Países Bajos y la política exterior y la defensa son asuntos del Reino, dirigidos desde La Haya.

Entre la UE y EE.UU.

Lo ocurrido contrasta además con la posición política que mantienen tanto la Unión Europea como Estados Unidos sobre Machado. Bruselas lleva años reclamando que las autoridades venezolanas respeten los derechos políticos de la oposición y ha denunciado expresamente la inhabilitación de Machado, la persecución de dirigentes opositores y la falta de garantías democráticas. El Parlamento Europeo le concedió en 2024, junto a Edmundo González Urrutia, el premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, precisamente por su defensa de una transición democrática en Venezuela.

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Washington ha ido incluso más lejos. La Administración Trump sostiene públicamente que Machado es libre de regresar a su propio país y que Estados Unidos no se opone a ello. Marco Rubio la ha descrito repetidamente como una dirigente «muy valiente» y esta misma semana, preguntado por sus últimos intentos, volvió a expresar su consideración por ella. La posición oficial estadounidense es que el futuro político de Venezuela debe resolverse mediante la reconstrucción de las instituciones y unas elecciones con garantías.

Por eso resulta especialmente llamativo que el impedimento práctico aparezca una y otra vez antes incluso de alcanzar Venezuela. Machado no pretende pedir asilo ni establecerse en las islas. En estos planes, Curaçao o Aruba eran puntos de tránsito desde los que continuar por sus propios medios hacia territorio venezolano. La decisión final de entrar en Venezuela, y el riesgo que conllevara, serían suyos.

Decisiones ajenas

Las dos islas que impidieron materializar los vuelos del martes administran sus propios sistemas migratorios y conservan importantes competencias internas. No hay constancia de que La Haya ordenara rechazar a Machado ni de que Washington solicitara esta vez que se le cerrara el paso. Pero tampoco puede presentarse lo ocurrido como una sucesión de decisiones completamente ajenas a Países Bajos, especialmente después del precedente de junio, cuando la gestión pasó directamente por la embajadora neerlandesa en Washington.

Nueve meses después de su huida clandestina, Maduro está preso en Nueva York y Machado tiene el Nobel de la Paz

Además, Curaçao fue precisamente la puerta que permitió a Machado salir de Venezuela cuando Nicolás Maduro todavía estaba en el poder. En diciembre de 2025 escapó clandestinamente por mar, después de meses escondida, y alcanzó la isla antes de iniciar el viaje que acabaría llevándola hasta Oslo.

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Entonces era una perseguida que huía del régimen de Maduro y Curaçao fue su salida. Nueve meses después, Maduro está preso en Nueva York, Machado tiene el Nobel de la Paz, Europa reclama una transición democrática y Estados Unidos sostiene públicamente que debe poder regresar a su país si lo desea. Sin embargo, cuatro de sus planes de regreso han acabado tropezando con las mismas islas neerlandesas que Venezuela tiene tan cerca frente a sus costas.